Aquí se irán insertando las colaboraciones de los amigos que quieren participar en este blog con sus creaciones.
Jorge Díaz aporta la siguiente novela:
LOSOFO
CAPÍTULO I
Tiempo: Algún día.
Lugar: Un pequeño mundo errante, huérfano de estrella, páramo helado, vagando por algún lugar, en el espacio cercano al sistema solar terrestre.
Quienes: Una expedición de recate de la Confederación de Mundos, compuesta por un equipo de seis especialistas en rescates en el espacio profundo y dos pasajeros civiles; el Doctor en Arqueología Paracultural, profesor Magnun Magnunsen y un miembro de la Fundación Olimpus; el Reverendo Jonas Mackintair.
Por qué: Algo más de tres meses antes — 287 días —, un carguero estelar con destino a Próxima Centauri a 1’31 parsec de la Tierra, detecto un planetoide oscuro, vagando solitario por el espacio a a poco más de 100 unidades astronómicas de la Tierra.
En virtud del reglamento confederal de exploración espacial, entraron en su órbita para realizar una investigación preliminar.
Se hubiera limitado a catalogar el cuerpo celeste y colocar una baliza de navegación en su órbita o en su superficie, ya que al ser un planeta errante podía suponer un riesgo para la navegación.
No obstante, realizaron un sorprendente descubrimiento al cartografiar la superficie; una pirámide manufacturada en el fondo de un valle.
No estaban equipados para realizar una investigación a fondo, ni siquiera tenían una lanzadera a bordo capaz de descender a la superficie. Así que se limitaron a sacar fotografías del descubrimiento, desde la órbita.
Sin embargo, las pruebas realizadas con los instrumentos de abordo sugerían que la pirámide podía tener unos 10.000 años.
La antigüedad de la construcción les sorprendió sobre manera e informaron inmediatamente de que habían descubierto una autentica reliquia.
Los descubridores decidieron entonces ponerle el nombre de “Reliquia” al planetoide.
Alguien a bordo sugirió que las ruinas se asemejaban a una mastaba.
65 días después, partió de la tierra un expedición financiada por la Fundación Olimpus con el objetivo oficial de investigar el curioso hallazgo.
El motivo por el cual se dejó la expedición en manos de una fundación privada, seudo religiosa, dedicada a estudios teológicos e históricos comparativos de distintas culturas galácticas es algo que no se llego a aclarar.
Veintitrés días antes de que partiera la expedición de rescate se perdió todo contacto con la base de investigación instalada en “Reliquia”.
La fundación Olimpus insistió en ocuparse de la situación en solitario, pero los extraños informes que se habían recibido les obligaron a aceptar una misión de salvamento oficial.
De todos modos, lograron que uno de sus “investigadores” formara parte del equipo.
CAPÍTULO II
El doctor Magnunsen pese a su edad daba infantiles saltitos nerviosos en la baja gravedad de Reliquia, de solo un cuarto de G, no podía reprimir su excitación, tras 20 días de vuelo por fin habían aplanetizado en el planetoide, a pocos cientos de metros del crucero de exploración San Pedro.
Sin embargo, poco más podía hacer que mirar por la portilla transparente aquella masa oscura en la penumbra, apenas iluminada por la luz de las estrellas y las luces del Defender.
Todos los intentos para establecer comunicación con el San Pedro habían sido baldíos, la nave se obstinaba en permanecer en silencio, oscura y aparentemente muerta.
Estaba varada sobre la superficie rocosa, ligeramente ladeada.
Los soporte aplastados.
Se apreciaban daños en la estructura, pero se podía ver luces a través de las portillas.
Las luces de navegación permanecían apagadas, no obstante.
Era evidente que habían tenido problemas al despegar, y que podían existir riesgos ocultos que aconsejaban obrar con prudencia.
El Capitán Manuel Valdez era un hombre prudente, había desoído las suplicas de Magnusen para comenzar la investigación de la pirámide inmediatamente. Invisible en el fondo del valle, al pie de la plataforma pétrea que les servia a ambas naves de improvisado atracadero.
Lo primero era el rescate de los tripulantes del San Pedro.
Según el modo de ver de Magnusen, él no comprendía la importancia del hallazgo.
La información no podía… ¡No debía perderse!.
Magnusen había leído con avidez todos los informes disponibles enviados por la expedición del San Pedro, y algunos otros reservados al uso interno de Olimpus que Mackintair le había proporcionado discretamente.
Un hombre extraño Mackintair.
No parecía estar muy a gusto formando parte de la expedición.
La imágenes eran fabulosas, una perfecta mastaba, similar a las del imperio antiguo en Egipto o tal vez al estilo primitivo Sumerio o Acadio, pero construida en la negra piedra local, en vez de con el adobe de los asirios.
La base cuadrada media un centenar de metros de lado. Y unos ochenta metros de altura.
La falta de atmósfera había conservado perfectamente el monumento, el cual, salvo por algunos impactos de micro meteroídes, conservaba su superficie pulida y perfectamente geométrica.
Parecía recién inaugurada.
Todas sus proporciones guardaban entre si una llamativa relación matemática en función del número áureo “e”.
Lo que sugería un perfecto dominio de las matemáticas por parte de los constructores.
Pero este no era el mayor de los enigmas que guardaba.
En su interior habían encontrado un complejo subterráneo formado por salas, corredores, túneles y pozos, formando un laberinto.
Los corredores estaban dotados de docenas de compuertas de piedra pulida, de tan precisa factura que las hacía herméticas. Tanto que en ciertas zonas del complejo aun existía una cierta atmósfera.
Atmósfera que si bien era insuficiente para que los humanos respiren. Las proporciones de su componentes eran intrigantemente parecidas a la atmósfera terrestre.
La expedición del San Pedro tardo casi cíen días en explorar el complejo. Solo descubrir el funcionamiento del sofisticado mecanismo que controlaba las compuestas le costó casi diez días de trabajo antes de poder entrar en el complejo.
Porque no eran simples puertas de piedra sino equilibrados sistemas de balancines de piedra que, una vez conocido su secreto, funcionaban como perfectas compuertas, análogas a las de las naves espaciales.
Descubrieron entonces que la instalación, sobria y desnuda, estaba, no obstante, dotada de todo lo que se suponía debía haber en una estación espacial.
Existían pequeñas galerías que formaban lo que parecía una red de ventilación.
Canalizaciones que probablemente transportaran fluidos, quizás agua.
Instalaciones de las que no sorprendería ver salir cables eléctricos. Aunque en un primer momento no se detectaron conducciones eléctricas de ningún tipo.
Toda la construcción tenia fanales apropiados para algún sistema de iluminación.
Todo estaba construido con piedra.
Salones, almacenes… Incluso lo que parecían instalaciones sanitarias.
El complejo era una autentica ciudad, un cuartel, una base quizás. Largo tiempo abandonado y vacío.
No quedaba rastro alguno de sus constructores. Muebles, papeles, objetos… nada. Solo salas vacías.
Y toda esa maravilla seguía intacta y en aparentes condiciones de uso después de aproximadamente 9.800 años, según los sistemas de datación atómica más precisos de la expedición.
Ocho días antes de perderse el contacto, el Capitán Shastri Rasvart, responsable de la expedición del San Pedro, informo de un sorprendente hallazgo; una cámara enorme en el centro del complejo. Con las paredes cubiertas de píctogramas que no existían en ningún otro punto del complejo. De lo que parecía algún tipo de escritura cuneiforme.
Ademas, un monolito labrado ocupaba el centro de la enorme sala.
Pudieron descubrir que el monolito era un mausoleo, un sepulcro, pero… ¿De quién o que?
Cuatro días antes de perderse todo contacto, Rasvart informó que estaban ante un descubrimiento inimaginable y que pronto mandarían un informe completo.
Rasvart tenia un curioso sentido melodramático de la vida.
Un día después envío un mensaje declarando la alerta; los miembros de la expedición estaban muriendo, pero no llego a explicar como.
Las comunicaciones fallaban, eran incompletas.
Luego solo silencio.
Magnunsen había leído una y otra vez los informes, visto las fotos de la gran sala y del sepulcro.
Explorado el complejo a través de los los planos levantados por los expedicionarios.
Los informes internos hablaban de un descubrimiento fundamental para Olimpus pero no precisaban el porque.
Magnusen nunca había visto nada igual en los los planetas que había visitado en casi medio siglo de excavaciones, ni sabia de nada parecido en los 280 mundos de la Confederación, ni en todas las demás colonias y mundos baldíos que se habían catalogado.
Y a pesar de todo, había algo… un cierto aire familiar en todo aquello.
Se parecía al arte primitivo anterior Imperio Antiguo, pero también poseía un cierto aire de familia con las construcciones más antiguas de los Sumerios y Akkadios.
¡Tenia que verlo con sus propios ojos!, ¡Era capital!.
Magnusen suplico, rogó, halagó, amenazo, gritó, prometió…
Todo inútil, Valdez no estaba dispuesto a dejar salir a nadie y menos a unos civiles puestos a su cargo, hasta saber que demonios había ocurrido en el San Pedro.
El reverendo Mackintair, con su cuidada voz impostada, en un suave pero cuidado tono convincente, acostumbrado a dar sermones. Terció, haciéndole notar que si aquel descubrimiento llevaba 9.000 años esperándoles, bien podía esperar un día más y la tripulación del San Pedro eran seres humanos y lo primero era rescatarlos… si eso era posible, claro.
Magnunsen se dio por vencido, las miradas de reprobación le indicaron que la tripulación no tenia su mismo interese en la arqueología galáctica.
Por ahora solo podía esperar, mirando como las luces de posición de los trajes espaciales del capitán Valdez, la especialista Radec y el doctor Boiro, avanzaban lentamente hacia la silenciosa silueta del San Pedro.
CAPÍTULO III
En la enfermería del crucero de salvamento Defender se agolpaban sus ocho tripulantes, visiblemente nerviosos.
La especialista Radec, una morena alta y vigorosa de origen polaco, se encogía en una silla, con la cabeza entre las manos, los codos apoyados en las rodillas, visiblemente mareada.
Mientras, el doctor doctor Boiro, ayudado por el tripulante Crammer, en funciones de enfermero, se afanaba en atender a un hombre enjuto, cetrino, alto, delgado. Que tendido en la camilla permanecía inconsciente.
Boiro mantenía a duras penas la calma. Hacia visibles esfuerzos por controlarse y atender al hombre de la camilla lo mejor que sabía, pero su tez cerúlea, casi amarillenta, delataba que también se sentía enfermo, que había pasado por una reciente experiencia que por lo menos, le había impresionado desagradablemente.
— Muertos, todos muertos… ¡Bueno, salvo él!, — Valdez permanecía impertérrito, pero su mano tembló al señalar al hombre enjuto —, No sé qué diablos les ha pasado.
La nave esta bien. Hay energía y soporte vital.
Pese a los síntomas de graves dificultades con los reactores, y de un descenso forzoso que no ha destruido la integridad del casco, no hay daños fatales. Nada. No justifica… — se le quebró la voz casi en un quejido, —.
— ¿Qué Manuel, qué demonios ha pasado? — La primer oficial y piloto Almeida se mostraba profundamente preocupada, hacia mas de quince años que servia junto a Valdez y le conocía muy bien. Incluso se comentaba que entre ellos se daba algo mas que una simple camaradería. Quizás por eso, le resultaba evidente que algo muy grave había ocurrido en el San Pedro. Valdez era un hombre duro y profesional, nunca había visto tan afectado.
— ¡No lo sé, Cristina!. ¡Te juro que no lo sé!. ¡Por todas las galaxias, los cadáveres…! —
Hizo una pausa para tragar saliva trabajosamente, como si algo se le atragantara —.
Yo conocía a Rasvart, hicimos varios cursos para el mando juntos. Yo obtuve mi primer mando un mes antes que él…
Encontré a Shastri en el puesto de mando, junto a su Primer Oficial y un especialista…
Bueno, lo que quedaba de ellos… —trago saliva otra vez y siguió hablando con forzada frialdad profesional — … estaban… ¡Destrozados!…
— ¿Un ataque de piratas , capitán?. —Pregunto el jovencísimo tripulante Mogutu Onunba, apenas veinte años.
— ¡No!, no son ese tipo de destrozos, no hay quemaduras de armas ni impactos… es como si… como si hubieran explotado…
Como si todos y cada uno de sus huesos hubieran explotado desgarrando al carne a su alrededor.
— ¿Armas?…
— ¡No!, ¡No!, — Insistió tajante con un ademan de manos —, no había señales de disparos o explosivos, estaban reventados dentro, su ropa que estaba intacta… Salvo por la sangre y las vísceras… — tosió —.
El grupo permanecía en silencio, solo se escuchaba el siseo de la ventilación, las señales del equipo médico, los murmullos de la nave, la respiración agitada de los presentes.
— Creo que se recuperara, no tiene daños físicos graves aparentes, las manchas de su ropa provienen de otras personas… esta algo deshidratado y con una ligera hipotermia, pero esta bien, pronto despertara — Dijo el doctor Boiro, mientras se quitaba los guantes.
— ¿Sabemos quien es Doctor?.
— Sí Capitán, según la placa de su mono es el padre Mastrollani…
—¡Diablos, otro cura!…
—¡Cállese Onunba!, ¡Ayude la Especialista Radec…!.
— No se preocupe Capitán, estoy bien, solo que… nunca había visto algo así…
— Ni usted ni nadie, Elena.
—¿Donde le encontraron?, Capitán.
— En la cocina, profesor Magnusen… en la cámara frigorífica, por eso esta como un témpano. Afortunadamente pertenecía a un circuito secundario que se desconecto y no funcionaba.
Supongo que se refugio allí pesando que el aislante y las puerta metálicas le protegerían…
Recorrimos toda la nave menos la sala de maquinas. Esta precintada y parece que ha perdido la atmósfera por uno de los desperfectos del casco — Respiro sonoramente —.
Encontramos once cadáveres… o al menos eso creo… diré mejor once uniformes con… despojos en su interior.
El doctor recogió muestra y algunos restos para analizarlos.
— ¿Once?. Pero la expedición del San Pedro la formaban 18 personas, ¿donde están los otros seis?…
— No lo se reverendo… ahora mismo no sé gran cosa.
—¡En la pirámide!, — exclamó con viveza Magnusen —, quedaban restos de la atmósfera original, y hay compuertas estancas, quizás se refugiaron del ataque allí…
— ¿Ataque?, ¿Que ataque profesor?, ¡El capitán ha descartado el uso de armas!… —la voz el reverendo Mackintair era tan suave con afilada —.
—¡Ataque o lo que sea!, — respondió irritado —se debieron refugiar allí, ¿Faltaban trajes, Capitán?…
—Sí, bueno, es difícil saberlo con exactitud, la nave estaba muy revuelta, pero yo inspeccione la bodega de salida y faltaban por lo menos seis cascos…— Radec continuaba pálida como el yeso, pero procuraba mantenerse serena, estaba bien entrenada —.
—¡Tenemos que ir allí, a la pirámide Capitán!, ¿No lo entiende?, ¡Tenemos que ir allí! — Magnunsen paladeaba con énfasis cada palabra mientras se aferraba con la huesuda mano a la solapa de Valdez—.
— ¡No voy a arriesgarme, profesor!, ¡Su curiosidad deberá esperar!.
No pondré en peligro a nadie más hasta saber que ha ocurrido aquí. Incluso estoy por marcharme de aquí y que se ocupe la flota de todo esto…
— ¡No es curiosidad, Capitán, es algo mucho más importante!, hay que explorar la mastaba… ¡Es fundamental para la historia estelar! — comenzó pero en seguida comprendió que ese no era el argumento adecuado, el capitán no sentía su misma pasión científica —.
—¡Me importa un carajo la mastaba, profesor!
¡Capitán, no podemos irnos!… piense en esos seis tripulantes… pueden estar allí esperando, ¿vamos a abandonarlos a su suerte?.
¡Nadie va abandonar a nadie aquí, joder! — se encaro con el profesor amenazadoramente y este retrocedió acobardado, los casi dos metros y más de cien kilos de Valdez eran impresionantes aún en baja gravedad — ¡Esta bien!, si vamos allí será armados y para buscar a esos hombre, no para investigar ruinas, ¿Entiende?.
— Esos seis hombres están muertos también… — Todos se volvieron sobresaltados hacia el enjuto padre Mastrollani. Permanecía inmóvil, desnudo bajo el cobertor de la camilla, pero había abierto los ojos y con la mirada fija en algún punto impreciso del techo, respiraba pausadamente.
Su voz era ronca y profunda, de bajo, pero algo en ella declaraba que pertenecía sin duda a un sacerdote —.
— Todos están muertos…
CAPÍTULO IV
El Jesuita aferraba con sus huesudos dedos la jarra de café humeante. Miraba con obstinada fijeza la superficie opaca del líquido.
Había tardado varias horas en recuperar las fuerzas suficientes para salir de la enfermería, y ahora reposaba en una de las butacas dispuestas alrededor de la amplia mesa, pero parecía permanece ajeno a la nerviosa expectación de las ocho personas sentada a a su alrededor, en sala de reuniones.
Se tomaba su tiempo, soplando con calma sobre el liquido caliente entre sorbo y sorbo.
– Y bien, padre … ¿Mastrollani?… — Para Valdez ya era evidente que el religioso no hablaría por voluntad propia—.
—Si, hijo mío, Padre Mastrollani, Pietro Mastrollani, de Capua.
—Bien, padre Mastrollani de Capua — recalco Valdez visiblemente irritado, esforzándose en mantener la compostura. No era un hombre paciente —, Hemos encontrado los despojos de los que suponemos son sus compañeros de expedición… O lo eran… ¿Le importaría informarnos de lo ocurrido?.
Se tomó su tiempo. Cuando hablo, su voz era especialmente ronca y profunda.
— La expedición parecía una interesante pero simple una excavación arqueológica más, sorprendente por si misma, si, pero dentro de lo habitual. Transcurría sin ningún problema, al menos hasta que encontramos el sepulcro…
—Nueva pausa para sorber café—.
Es algo inusitado, — parecía hablar para si mismo pero controlaba cuidadosamente la voz —, esta cubierto de inscripciones muy similares a algunas extremadamente antiguas, procedentes de restos de la Mesopotamia y el valle del Indo.
De los periodos mas antiguos, pero no había nadie en el grupo que pudiera entender ese lenguaje, de hecho ni siquiera sabíamos si es un parecido fortuito o es un alfabeto análogo.
De todos modos, aunque fuéramos capaces de descifrar la escritura nos llevaría años entender el lenguaje de una raza alienígena desconocida.
Hay una docena de formas de vida inteligente en la confederación, y entendernos con algunas de ellas nos ha llevado décadas, pese a ser un esfuerzo mutuo.
El profesor Lydel. Un franciscano austriaco, experto en criptografía, que formaba parte de la expedición. — Aclaro en tono confidencial —. Intuyo que las inscripciones del sepulcro contaban la historia de su “ocupante”, pero creía que ademas incluían una advertencia o quizás…una amenaza.
Nadie se tomó demasiado en serio esa posibilidad, fue un error fatal, claro esta.
El capitán Rasvart y el Director Lao no quisieron hacerle caso y se empeñaron en continuar con la investigación, pese a que yo apoyaba la idea de abandonar el planetoide.
Siempre he tomado muy en serio estas “maldiciones “ de las tumbas.
Recomendé que nos marcháramos y se pusiera en cuarentena Reliquia.
Se empeñaron en intentar abrir el sepulcro, cuando lo abrimos encontramos un sarcófago enorme que…
—¿Entraron en el sepulcro?, ¿Lo abrieron, quiero decir?…
Sí profesor, los abrimos y entramos él… — contesto en tono cansino, parecía detestar que alguien le interrumpiera — ¡Ojalá nos hubieran hecho caso a Lydel y a mi…!
—¿Que pasó?, — Pregunto Valdez , cortando con un gesto la impaciencia de Magnusen, que se moría de ganas de saber lo que habían encontrado en el sepulcro —.
— Dos días después, Lydel, Lao y cuatro compañeros entraron a investigar en el sepulcro, a investigar el sarcófago… Unas horas después, el técnico Ustinov, volvió herido y enfermo, los demás habían, muerto de forma espantosa en el sepulcro o cerca de él.
Algo o alguien les había hecho explotar ante sus propios ojos. Antes de morir, dijo que Lydel había descifrado parte de las inscripciones y que había dicho que este lugar esta maldito.
Y yo así lo creo, ahora.
—Ya sé que Olimpus esta interesada en las religiones, las supersticiones y todas sus implicaciones históricas, — apunto nervioso Valdez —, se pasan la vida buscando los orígenes de los mitos por el universo, pero la muerte de diecisiete personas y la perdida de un crucero es un hecho dolorosamente real.
Por tanto le agradecería que dejara por el momento sus valoraciones religiosas a un lado.
Prosiga por favor.
—Capitán, Olimpus hace mucho más que buscar supersticiones y mitos como usted ingenuamente los define, pero esta bien, le complaceré.
El capitán Rasvart mando inmediatamente una patrulla de rescate al templo, pero solo encontraron los cadáveres de Lydel, Lao y los demás, o lo que quedaba de ellos. Cuando estaban a punto de traer los restos de los hermanos, uno de los hombres murió destrozado, de repente, sin que nada indicara amenaza o peligro.
El pobre tripulante Rivera, un muchacho de apenas veinte años.
Lo que quiera que mato a Lao y los demás seguía estando allí, en el sepulcro, Rasvart mando volver a sus hombre, dos murieron al entrar por la esclusa.
Sorenson y Yumani.
Declaro el estado de emergencia y mando un mensaje de alarma a la tierra, si ustedes están aquí ahora supongo que es evidente que lo recibieron — ironizo —.
Y por lo que puedo observar… Olimpus ya no se ocupa del asunto. — Dijo con intención, enarcando las cejas exageradamente mientras miraba al reverendo—.
—No, hermano, esta es una operación oficial de salvamento de la confederación. Oficial y seglar. Yo solo estoy aquí como observador, se nos ha pedido que nos mantengamos al margen por razones de seguridad.
—Entiendo, ¿Hermano?…
—Mackintair, reverendo Jonas Mackintair…
—¿Anglicano?…
—Si, yo…
—Si no les importa a ambos, quisiera que dejaran sus presentaciones para más adelante, ¿Que ocurrió en el San Pedro?, ¿Porque fallaron los reactores y se estrellaron al intentar despegar?…
—Si, el capitán quizás tenga razón, nuestros asuntos deberán esperar por ahora, hermano.
—Mastrollani miro largamente a Valdez, sus ojos glaucos, fríos como el mismo espacio parecían querer atravesarlo, una actitud muy poco beatifica, dicho sea de paso.
El Capitán Rasvart decidió despegar, si, pero algo fallo, el reactor principal reventó, perdimos potencia a unos cuantos metros del suelo, cayendo a plomo.
Cuando entramos en la sala de maquinas estaba muy dañada y despresurizada, no pudimos hacer nada en absoluto, había fugas de refrigerante, radiaciones, descargas eléctricas, metales incandescentes, no se podía estar allí.
Falló la energía, apenas teníamos reservas para un par de días y todos los esfuerzos se encaminaron a recuperar la potencia y reparar el casco, por lo menos para poder esperar el rescate, pero en la semana siguiente todos fueron muriendo de igual forma…
—Y usted, ¿Por qué sobrevivió?.
—Los designios del señor son inescrutables, Capitán.
—Ya, ustedes siempre se escudan en la misma estupidez… ¿Que sabemos Boiro?, ¿hay algún tóxico, un virus, en las muestras?, ¿Algo ambiental?.
—Nada que yo haya podido descubrir, aun me faltan resultados de algunas pruebas, Pero los filtros y controles de cuarentena eliminan cualquier tipo de contaminante A.B.Q. presente en el ambiente o los trajes, es imposible. Los restos están irreconocibles, pero no hay nada fisiológico que explique sus muertes.
En realidad… es como si el agua de sus cuerpos se hubiera convertido en vapor a presión…
No conozco nada biológico capaz de hacer algo así con un cuerpo humano.
—¿Descompresión?, ¿Vacío quizás?…
—¡No!, los que estuvieran fuera de la nave quizás podían haber sufrido descompresión en los trajes pero la nave no mostraba rastros de descompresión explosiva lo suficientemente rápida para provocar esos daños, nos hubiéramos dado cuenta…
—Padre Mastrollani, ¿Cuanto tiempo paso desde que abrieron el sepulcro hasta que empezaron las muertes…
—Casi tres días… Algo más, creo…
—Bien, llevamos dieciocho horas en Reliquia, supongo que aun nos queda al menos un día para entrar en periodo de riesgo, voy a mandar inmediatamente una patrulla a la pirámide para ver que hay allí, quizás veamos algo que Rasvart y los suyos no pudieron ver… ¡Radec, Boiro, preparaos, vendréis conmigo, también tu Crammer!… ¡Y prepara el armamento y las corazas!
—Yo también debo ir, ¡Quiero ir!…
— Está bien, profesor, bajo su responsabilidad, pero recuerde que la curiosidad mato al gato… — Respondió al profesor con frialdad —, Pero es una investigación forense, no arqueológica. ¡Tenga usted claras las prioridades!.
—También yo debería acompañarles… me siento en cierta medida responsable…
—¡Esta bien Mastrollani, esta bien!, si se encuentra con fuerzas para venir. ¡Hágalo!, ¡que venga todo el que quiera!, ¡pero si mueren no quiero que nadie me diga nada!.
—Si morimos no veo que utilidad tendría intentar protestar, Capitán, puede estar tranquilo.
— el tono del jesuita era claramente sarcástico—
—Bien, allá ustedes, Cristina, tu y Onunba intentareis abrir un enlace con la computadora del San Pedro, la active cuando estuve allí y conecte un transcom, a ver si podéis descargar el diario de a bordo y los informes de la tripulación antes de que se le agote la energía de reserva.
¡Los demás los quiero en la bodega de salida en veinticinco minutos!
CAPÍTULO V
Orientarse en laberinto de la instalación no supuso gran problema, Magnusen conocía de memoria los planos levantados por la expedición, y el Padre Pietro, aunque con clara desgana, les había dado indicaciones claras de la forma de entrar y el camino a la gran sala, hubieran llegado a ella aún sin su guía.
Además, si todo ello fuera poco, el camino esta señalizado por la iluminación que los investigadores del San Pedro habían instalado.
—¡Es extraordinario!, apenas se distinguen las juntas entre las piedras, las superficies son completamente lisas, uniformes… la geometría es perfecta.
—No creo que ni siquiera con la mejor tecnología, lográramos un ajuste igual, profesor.
—Lo increíble no es eso, Especialista, lo verdaderamente impresionante es que no hay nada más que piedra.
Todo el complejo está hecho solamente con la piedra local. No hay metal o cristal, plástico, materiales orgánicos… ¡Nada!, sólo piedra tan hábilmente trabajada que no necesitaron nada más.
Es la mejor forma imaginable de establecer una base de exploración en otro mundo. Nada de grandes transportes con viviendas prefabricadas y enormes cantidades de material, solo usaron los materiales disponibles sobre el terreno
— Quizás deberíamos centrarnos en los objetivos de esta misión, señores…
—¡Pero Capitán, usted mejor que nadie debería apreciar las maravillosas posibilidades que comprender esta tecnología, podría significar para la exploración galáctica!.
—Es probable que en otras circunstancias estuviera de acuerdo con usted, profesor, pero ahora mismo, lo que me preocupa es que si no descubrimos que mato a los hombres del San Pedro, quizás nunca se pueda aprovechar esta tecnología, ¿Entiende?.
— ¡Bien!, tras esa compuerta esta la sala del sepulcro.
— De acuerdo Padre, ¡Crammer, abre la puerta a mi señal!. ¡Radec, cuando se abra la puerta quiero que escanees toda la sala!, ¡busca cualquier signo de vida, cualquier movimiento, cualquier mecanismo o energía activa!, ante cualquier cosa extraña da la alarma.
¡Ustedes dos permanezcan detrás nuestro, y cuidado con donde apunta con su arma, profesor!
¿Armas dispuestas?… ¡Abre la puerta, Jack!
El mecanismo de las compuertas era tan simple como ingenioso.
Las dos grandes batientes, que cerraban el vano en diagonal, se articulaban en las esquinas de la puerta. Cada una ejercía de contrapeso para la otra. A cada lado, en la pared del túnel, un cubo sobresalía de la pared, sin juntas aparentes.
Cuando se presionaba el cubo de la derecha, el delicado mecanismo movía sin esfuerzo, por medio de palancas, la hoja inferior, la cual tiraba de la hoja superior.
Haciendo que se extienda el cubo del otro lado de la puerta, que si se presionaba, hacia descender la hoja superior, cerrando la puerta de forma inversa.
El mecanismo, que no necesitaba ningún tipo de energía para funcionar, requería muy poco esfuerzo para activarse, gracias en parte a la baja gravedad del planetoide.
El mecanismo era tal que si se intentaba forzar la puerta, era imposible hacerlo si romper la piedra, —así descubrieron su funcionamiento la expedición— y además, existía un mecanismo en cada cubo que a modo de cerradura, que bloqueaba la compuerta.
Tardaron horas en dar con la combinación correcta para abrir la compuerta de la gran sala.
Tan sofisticado era este mecanismo, que incluso media el tiempo y al cabo de un rato, la puerta se cerraba sola.
Y todo sin energía alguna, salvo la gravedad y un ligero empujón.
Crammer, el arma de raíl en una mano, apoyo la otra con suavidad en el cubo de la derecha.
Las dos batientes se separaron en silencio, pese a que en esa zona aun quedaba una cierta presión atmosférica. Valdez atribuyo la falta de sonido al casco, pero la realidad es que la puerta no produjo ruido alguno.
A una señal de Valdez se desplegaron por la sala, no eran militares, pero en el cuerpo de rescate de la flota siempre se recibía un entrenamiento militar, en previsión de cualquier contratiempo.
Respeto a lo desconocido, ese era el lema del cuerpo.
La sala estaba rodeada por una doble columnata, altos cilindros de piedra soportaban el liso techo alrededor de la nave central, cuyo techo era tres veces más alto que el ya de por si alto techo del pórtico.
Los muros estaban cubiertos de bajorrelieves abstractos, o al menos eso le parecían a Valdez.
—Quizás para Magnusen tengan sentido… —
Pensó mientras avanzaba hacia la nave central, atento a cada sombra, a cada recoveco.
Allí se alzaba el mausoleo, imponente sin duda, era un prisma truncado, con un alero en la parte superior y recios contrafuertes en cada esquina.
Medía mas de quince metros de altura por diez de lado y en el centro de cada una de las caras había un amplio nicho rectangular, con una galleta de intrincados símbolos encima de cada uno de ellos.
Alrededor de ellos, varias estelas verticales contenían la apretada escritura cuneiforme que se mencionaba en los informes.
El mausoleo se alzaba sobre una amplia plataforma escalada, de unos dos metros de altura.
Pese a su tamaño, se antojaba reducido en comparación al entorno, tal eran las dimensiones de la gran sala
El nicho que quedaba en frente de la entrada a la sala no era tal sino la puerta al mausoleo, ahora abierta. Una gruesa lámina de piedra había basculado sobre su extremo superior hasta quedar paralela al suelo, formando un a modo de alero.
—Debe tener otro mecanismo como el de las compuertas — volvió a pensar Valdez.
Superada la primera impresión provocada por al grandioso claustro central, iluminado profusamente por los equipos que habían traído los investigadores de la expedición. Valdez acabo por fijarse en varios bultos que, dos cerca de la puerta del sepulcro, y otro más en la escalinata, se hallaban retorcidos en el suelo.
Al fijarse mejor, se dió cuenta de que eran trajes ambientales de A.E.V., pero deformados como si su contenido fuera algo muy distinto de un cuerpo humano.
Boiro se agachaba junto a un cuarto traje, que apoyado contra una columna, se hallaba en el camino hacia la puerta, a su izquierda.
—¡Un tripulante!, según sus galones… o lo que queda de él… — resonó ronca la voz de Boiro en el intercomunicador.
—No hay nada, ni nadie… ni a la vista, ni oculto, no detecto nada, pero la piedra es densa, solo puedo penetrar en ella unos dos metros…
Pero las paredes son macizas hasta donde yo se…
—De acuerdo, Radec… Cuento cuatro, ¿donde están los otros dos, Padre?.
—Dentro… Klaus Lydel y Chang Lao See…
—De acuerdo… ¡Vamos dentro!, ¡Jack, Joao, Elena, inspeccionad la zona y los cuerpos!
Me gustaría que me diera su opinión sobre lo que ve, profesor…
—¡No tengo palabras, es extraordinario!…
—¡No diga estupideces y haga una valoración profesional!, ¡Vamos dentro!.
—Si no les importa… yo prefiero esperarles aquí fuera… no deseo verles de nuevo…
—Está bien padre, lo comprendo, pero este alerta e intervenga añadiendo lo que sepa en cualquier momento, aunque no este con nosotros.
En la era de los viajes espaciales se considera una descortesía intolerable intervenir en una conversación mantenida por los canales abiertos de los trajes A.E.V. si no se esta delante, o se le invita expresamente a uno a participar en ella. Algo lógico, como en el Japón de los sojis de papel, se aprende a oír pero no escuchar.
—Así lo haré Capitán…
La sala dentro del mausoleo, la cripta, era una habitación simétrica, desnuda, rematada en un alto techo plano.
Las paredes estaban cubiertas de intrincados dibujos, pero lo que más llamaba la atención era el enorme sepulcro, una minuciosa talla antropomórfica. Corpulento. Las piernas muy largas para el torso, igual que el cuello. Muy alto, mas de tres metros, ataviado con un intrincado atuendo y un yelmo alto y picudo.
Le cubría, de la cintura hasta los pies, una tela pétrea, delicadamente detallada, que se derramaba por los bordes del lecho hasta enredarse en complejas volutas sobre el suelo.
Se diría que era una sabana de finísimo satén negro.
A los lados, a lo largo del cuerpo, sobre la tela, reposaban los brazos largos y gruesos, y las manos, delgadas, de largos dedos, seis largos dedos.
La cabeza, reposando sobre lo que se asemejaba a una almohada en forma de diamante. Mostraba un rostro alargado, de prominente nariz, barbilla prognática, redondeada, adornada con una larga y picuda barba.
Sin cejas en los sobresalientes arcos oculares.
Ojos hundidos, cerrados.
Pómulos redondos y amplia frente. El yelmo no permitía ver las orejas ni si existía pelo.
Los rasgos, sin ser desagradables, resultaban extraños, ajenos, difíciles de asociar a un miembro de la especie humana, pero sin duda era antropoide.
El amplio lecho en el que se encontraba acostado el titán, se inclinaba suavemente hacia la entrada, manteniendo la cabecera más alta con respecto a los pies.
A los pies, una estela encabezaba con la elaborada escritura que habían visto sobre la puerta y los nichos, un largo texto de abigarrada escritura cuneiforme.
Nada mas.
Salvo dos cuerpos deformes. Uno acurrucado en un rincón junto la puerta y el otro a los pies del titán.
—¡Es descomunal!…
—Probablemente es una representación ampliada del difunto, Capitán. En muchas culturas se ha tendido a hacer tanto más grande la estatua del personaje, cuanto mayor ha sido su relevancia en vida.
—Entiendo, pero aún así es impresionante, profesor…
—Sin duda… Este debe ser Lydel, le cogieron estudiando el epitafio del sarcófago…
—Y el del rincón es Chang Lao, puede que cayera ahí intentando huir, alcanzar la salida
— Terció Mastrollani desde el exterior del sepulcro.
—¿Como pretenderían abrir el sarcófago?, no se ve ranura o junta alguna.
—Lao opinaba que debía haber algún mecanismo como los que hay por toda la instalación, seria lo lógico…
—¿Que opina, profesor?…
—Estoy convencido de que esta escritura la he visto en algún sitio, y si no es igual es muy similar. Diría que el texto superior es el nombre del personaje y el resto su epitafio, o vete a saber que es lo que suelen poner en sus tumbas esta gente. Creo que…
—¡Profesor…!
—¿Que?… ¡Ah, si, ya!, bueno… Pues no soy ingeniero, pero esta claro que no hay nada amenazador aquí.
Si usted pensaba en trampas ocultas y maldiciones de las pirámides, se equivoca, no existe nada así, son leyendas y cuentos para distraer a la gente.
Si algo se de ritos funerarios, por lo que veo a mi alrededor, todo apunta más bien enaltecer al difunto.
No entiendo de donde saco Lydel la idea de la amenaza…
—¡La amenaza es muy real, profesor, no desprecie lo que no entiende!, Lydel lo “leyó” encima de la puerta, ahora no se ve, salvo que se cierre.
—Perdone usted, padre, no quería desacreditar a su amigo…
—No era mi amigo… era mi hermano en dios…
—¡Aaaaaahg!, —el grito, gutural, húmedo, como un eco de alguien que se ahoga bajo el agua. Provenía de Jack Crammer, el veterano tripulante, el mas viejo del rol, salvo el profesor Magnusen, que no formaba parte de la tripulación, claro esta.
El estertor, amplificado por los altavoces del intercomunicador, helo la sangre de Valdez, que antes de que se extinguiera la voz de Crammer, ya corría hacia la puerta del mausoleo, gritando.
—¿Que demonios pasa, que demonios esta pasando?, ¿Crammer?, ¡Crammer!, ¡¿Jack?!, ¡Contéstame Jack, por lo que mas quieras!, ¡Que alguien me diga que coño pasa!…
— ¡Es aquí!, ¡Capitán, esta aquí, al fondo, detrás del mausoleo…!, ¡Por todos los demonios del espacio, que es lo que le esta pasando…!.
Valdez, rodeo a grandes zancadas, saltos en la baja gravedad, el monolito. Alcanzo a ver como un traje se hinchaba y deformaba como una bolsa de palomitas de maíz en un horno. Se retorcía en el suelo con un sonido gutural y burbujeante en los auriculares. Al lado del traje, Radec se había agachado y ahora trastabillaba hacia atrás. Hacia gestos extraños con unas manos, a medio camino entre tratar de aferrarse a él y alejar a su amigo.
Sollozaba frases ininteligibles en el intercomunicador.
Por el borde de su visera pudo ver como aparecía a su derecha Boiro, avanzando a grandes salto de más de diez metros. Cayendo de rodillas junto a Crammer, medio segundo antes de que Valdez los alcanzara.
—!Por todos los malditos Dioses!, ¿Que demonios?… La voz de Boiro se rompió en lo que evidente era una arcada.
—¡Jack!… —Llamo una vez más Valdez al alcanzarlos, su ultimo pensamiento fue preguntarse donde estaba Mastrollani, después, todo fue horror y nausea.
A través de la visera del casco de Crammer alcanzo a ver como el lado izquierdo de la cara ya se había desgajado en una masa sanguinolenta, la boca era un surtidor de babas rojas, que ensuciaban el cristal, pero aún alcanzo a ver como estallaba el ojo derecho de su amigo, empañando definitivamente la visera.
Afortunadamente.
Luego se quedo inmóvil, deforme e hinchado.
Valdez se dejo caer hacia atrás, apoyado en su mochila, de rodillas,observando como menguaban los movimientos del traje.
—¿Ha muerto?… — era el padre Pietro Mastrollani, estaba su espalda. Solo alcanzo a mirarlo con ojos turbios. Detrás de él, andando lentamente, Magnun se acercaba.
—¡No vomitéis, sobre todo no vomitéis. No vomitéis en el traje!… — Alcanzó a decir—,
¿Estas bien Elena?…
—¡No, no estoy bien, no lo estoy, joder!, ¿Jack?, ¡Joder, Jack!. —Evidentemente lloraba de rabia—.
—¡Calmaos, Calmaos todos!, ¿Que ha pasado?, ¿Que habéis visto?
—¡Nada, yo estaba con usted, capitán!
—Yo tomaba muestras en el cuerpo de la escalinata, no he visto nada, le he oído gritar y te visto salir corriendo Manuel. Nada más, nada y nadie.
—¿Y tu Elena?…¿Elena?…¡Elena!, ¡Especialista Radec, conteste inmediatamente, es una orden!.
—Si, Capitán… lo… lo siento, yo…
— Tranquilízate, necesito saber que has visto…¿Estabas con él?.
—No…bueno sí, me había separado de él dos metros, tomaba muestras de la atmósfera en ese conducto de la pared. Me parecieron túneles de ventilación. No se, pensé en algo microbiológico o en nanotecnología…
No se, cuando le he oído me he dado la vuelta y le visto retorciéndose. Entonces he querido ayudarle y… ¡Joder. Joder, joder!…
—Intenta controlarte…
—Sí, sí, perdón, es que… ¡Le he visto deshacerse ante mis propios ojos!, ¡Ha reventado, explotado!.
—¿Como coño ha pasado esto?, ¡Esta ardiendo dentro del traje, Manuel!.
—¿Que coño pasa aquí?… — como despertando de una pesadilla para ver una realidad aún más sobrecogedora. Valdez reaccionó por fin —. ¡No podemos quedarnos aquí!, estamos a tiro de lo que quiera que nos este atacando, ¡Hay que marcharse corriendo!,
¡Volvemos al Defender!, ¡Deprisa!…
—Pero Valdez, no puedo irme, tengo que investigar ese sepulcro, esos textos, los grabados, es muy importante que yo…
—¡Y una mierda Magnusen!, ¡Nos vamos de aquí, y se viene con nosotros aunque tenga que arrastrarle fuera del traje!, ¡Vamos!
CAPÍTULO VI
—¡Capitán, capitán!… ¡Oh!… ¡vaya…! ¡Disculpen, yo no sabia que…! — Manuel Valdez se erguía en el borde de la cama con un pie en el suelo ya, la ropa de cama resbalando por el torso.
La repentina entrada del joven Onunba le había despertado, en la misma fracción de segundo se encontraba listo para la acción.
A su lado, su Primer Oficial, su piloto, su amante; Cristina Almeida se apoyaba sobre el codo, medio vuelta hacia la puerta.
Miraba somnolienta al azorado tripulante, sus oscuros pezones desnudos miraban al joven casi con tanta fijeza como él los miraba a ellos.
Media sonrisa divertida aparecía en la carnosa boca.
El grupo de salida había vuelto a la carrera al Defender, saltando como pulgas por la piel del planeta. Almeida, Onunba, y Mackintair les habían seguido por los sensores desde que salieron del complejo subterráneo.
Pero habían sido testigos del desastre. Horrorizados. Ante la radio.
Estaban casi tan conmocionados como ellos, salvo por la suerte de no haber visto morir a su compañero.
Las maniobras de entrada en la nave, de recompresión, para quitarse los traje A.E.V., se hicieron nerviosas, casi al borde de la histeria. Desordenadamente.
Todos habían perdido completamente los nervios.
Valdez, como buen capitán de una nave de rescate, había conseguido dominarse y recobrar el dominio sobre si mismo.
Ordenó que todo el mundo se tranquilizara.
Orden más fácil de dar que de cumplir.
Era consciente que había que despegar y marcharse de inmediato, pero no se arriesgaría a sufrir un accidente como el ocurrido al San Pedro.
Antes de despegar se realizaría una minuciosa revisión de la nave, nada podía dejarse al azar.
Pero de nada serviría si todos estaban histéricos.
Pidió… ordenó a Boiro que repartiera unos tranquilizantes y ordeno que todo el mundo se acostara seis horas.
Llevaban casi treinta horas en pie. No se arriesgaría a que un error por cansancio o nerviosismo les matara a todos, como en el San Pedro.
El peligro de lo que fuera que había matado a Crammer era un risego posible, pero un despegue alocado era un riesgo seguro.
Ordenó al joven Onunba que permaneciera de guardia, vigilando los sensores mientras descargaba los últimos archivos de la memoria del San Pedro.
Magnusen permanecía taciturno, serio, pensativo. Pero a regañadientes aceptó ir a su cámara, no sin antes rogar a Onunba que en cuando terminara de descargar los archivos de Lydel, se los entregara de inmediato.
— ¿Qué es lo que ocurre Mobutu? — pregunto con calma Almeida, pregunta no exenta de diversión por el azoramiento del muchacho.
— Yo… es el profesor Magnusen…
—¿Qué coño le pasa…? —Preguntó Valdez claramente irritado mientras se ponía los pantalones. Se paro en seco y se volvió al muchacho, un escalofrío le había recorrido la espalda — ¿no habrá …?
— ¡Oh, no, no ha muerto!… o eso creo… bueno, no lo se , el caso es …
— Tranquilízate Mobutu, ¿qué pasa con el Profesor?. —Almeida era el contrapunto de Valdez, donde el uno saltaba como un resorte, la otra serenaba, formaban un equipo muy equilibrado—.
— ¡Que no está, señora, ha desaparecido…!
— ¿Como que ha desaparecido?, ¿Qué quiere decir desaparecido?, ¿Le has buscado?.
— Sí Capitán, me pidió que le diera los archivos de el Doctor Lydel en cuanto dispusiera de ellos, cuando le llame porque ya los tenía, no contesto.
Fui a su camarote y no estaba allí…
— ¿Le has buscado bien, muchacho…?
— ¡Sí señor!, he recorrido toda la nave, el puente, la sala de reuniones, la cocina y el comedor, la bodega, máquinas, ¡Todo!…
—¿Se te ocurrido comprobar la pulsera de identificación, chico?.
— Si, señora, no me atrevería a molestar al capitán sin haberlo hecho, ¡Me mataría!…
— ¿Y que?, si no contestas rápido sí que te mataré…
— Que estaba en la bodega de salida…
—¿Y que demonios hace Magnunsen allí?…
— No señor, no he dicho que el profesor estuviera allí, he dicho que estaba la pulsera pero no el profesor Magnusen. Él no está. ¡Se ha marchado!.
Si hubiera querido salir de la nave con su identificación hubiera saltado una alarma, así que se la quito, se puso un traje y se fue…
—¿Se fue…?, ¿Y no te distes cuenta de que se abría la compuerta?, Hay una alarma para las compuertas , ¿Sabes?… ¿Que estabas haciendo?.
— ¡Estaban inhabilitada, apagada!, lo comprobé de inmediato al encontrar la pulsera del profesor, no podía haberlo pasado por alto, señor.
—¿Y como coño lo hizo?, ¿Acaso le viste en el puente y no le dijiste nada?…
—¡No, capitán!, no vino nadie al puente, he estado de comunicaciones a sensores todo el rato, nadie pudo pasar por el puente sin que yo lo viera, nadie toco la consola de alarmas. ¡Nadie!.
— ¡La pirámide, Manuel!, ese imbécil ha vuelto a la pirámide.
— ¡Joder!, hay que ir a buscarle.
— Avisa a todos, Onunba, que Radec se ocupe de llamar a ese imbécil y todo el mundo en pie… Bueno… todos no, que los curas se estén tranquilitos en sus cámaras y no molesten.
— La especialista Radec ya esta en el puente, la desperté para que me ayudara a buscar al profesor… Temía haber pasado algo por alto.
— ¡Y no has pasado nada por alto!. ¡Despierta al Doctor e iros al puente!… Y Onunba…
—se volvió al chico con una media sonrisa— ¡Buen trabajo!, pero la próxima vez no olvides llamar a la puerta del camarote de un oficial antes de entrar, es una falta grave de protocolo.
— Sí señor, gracias, señor.
La conversación había llevado al grupo al nodo central de la nave, Valdez y Almeida subieron al puente, el joven Onunba volvió a los camarotes a buscar a Boiro.
En el puente estaba Elena Radec, agachada sobre la consola de comunicaciones con un auricular puesto, hablaba en tono imperativo, casi a gritos, mientras golpeaba la consola con la mano.
—¡Joder, Magnun, no juegues con esto!, ¡Contesta de una puta vez!… ¡Nada, Capitán!, no contesta, tiene la radio apagada o no contesta, ese loco nos va a costar la vida a todos.
— Esta obsesionado con la pirámide, ha perdido la noción de la realidad.
—Estoy de acuerdo Cristina, pero eso o nos descarga de nuestra responsabilidad.
¡Hay que ir a buscarle, joder!.
— ¡Un momento!. Llega una comunicación… es él.
— ¡Dile que vuelva inmediatamente o le dejare aquí abandonado en su puñetera pirámide!.
— No puedo, no recibe, solo emite…
—…Pero espero que me puedan perdonar… Sé que no comparten mi visión de la importancia de este descubrimiento, pero quizás lleguen a entenderlo cuando se lo explique.
Mientras volvíamos a la nave, tan bruscamente, yo no podía dejar de pensar en los textos, me parecía que algo no encajaba, sabia que algo se me escapaba.
Cuando me dirigía a mi cámara con el padre Pietro, me dijo algo que me abrió los ojos.
Yo me quejaba de no haber tenido tiempo de ver los textos con calma, estaba seguro que son la clave de todo.
El Padre comentó que sin duda Lydel había visto algo que le llevo a la misma conclusión, pero no se tomaron en serio las advertencias que descifro.
¡Y eso era!, él lo había visto; ¡había leído la advertencia!. ¿Como demonios podía saber que había una advertencia en la puerta del mausoleo si no lo había leído?
Lydel descifro el texto. Encontró la forma de descifrarlo, por eso sabia que era una advertencia.
Y… ¿Como lo había descifrado Lydel?, ¡tan rápidamente!. ¿Como es posible?. ¡Porque había descubierto la clave!, ¡La había visto antes!
No me pregunten cómo, pero cuando vi los textos estuve seguro de haberlos visto antes también yo. Me eran familiares, pero me negaba a aceptarlo porque, ¿como podía haber visto algo escrito en un lenguaje que esta en un planeta errante, en unas ruinas anteriores a que la cultura humana empezara a escribir su historia?
Anteriores a casi todo lo conocido en la confederación.
Este mundo lleva perdido 10.000 años, ¿Como podía conocer esa escritura?.
¡Es absurdo y descabellado!, pero Lydel debió ver lo mismo que yo y descubrir una piedra Rosetta que le permitió descifrar la escritura.
En mi camarote consulté los archivos arqueológicos y aunque no podía creerlo, encontré una escritura muy similar en la Tierra, procedente del valle del indo.
Se encontró en unas excavaciones muy antiguas, pertenecientes a una cultura precursora de los Sumerios.
Eran restos, tablilla de adobe repletas de informes económicos. Se creía que eran diario de un contable primitivo.
Desde el punto de vista arqueológico e histórico fueron una decepción, porque no aportaron información alguna sobre sus autores, solo sobre sus reservas de grano, madera, aceite… ¡Solo sus datos administrativos! y de forma muy fragmentada.
Se había tardado casi ocho años en traducir aquello y solo era la lista de la compra.
Interesante, pero al ser un hallazgo aislado, se archivó la información y no se le dio mucha importancia, es un material muy poco conocido.
Pero Lydel primero y yo ahora, descubrimos que ese leguaje, esa escritura es la misma que la encontrada en el mausoleo.
¿Como es posible?, ¡No lo sé!
Entiéndalo Capitán, ¡Puedo leer el epitafio!, ¿Como voy a dejar pasar esa oportunidad?
Lydel tampoco la dejó pasar.
Espero que la… maldición… me respete el tiempo suficiente para descubrir el secreto de la pirámide.
Bueno, ya he llegado a la sala.
Espero que estén grabando esto, me molestaría que se perdiera el mayor descubrimiento de la historia de la pararqueología porque a nadie se le ha ocurrido poner en marcha la grabadora.
Bien… En mi PDA llevo un tesauro con el lenguaje descifrado en la Tierra, creo que podré descifrar… La cámara capta los grafos y los asocia, me da una interpretación aproximada y una lista de posibles palabras.
Aunque es un lenguaje ambiguo, casi poético, admite muchas interpretaciones, espero dar con la más acertada.
Estoy mirando la estela sobre las hornacinas…
Pone algo así como; “Losofo el grande” o el poderoso quizás, dice algo como le que perdió la tierra, el sin tierra o sin patria, ¿Apátrida?, no se.
¡Aquí está la advertencia!, ¿no dijo el padre que no era visible? Bueno, es algo así como una orden… “respetad al que descansa, hasta su vuelta”, o regreso. Pero parece un plural, ¿Se refiere al regreso de otros?.
Bueno, Lydel era franciscano, puede que se dejara influenciar por sus creencias y lo interpretara como una advertencia.
Lao tenía razón, a mi me parece más un ruego o una suplica que una amenaza.
Las estelas son una especie de loa, una larga lista de títulos, quizás nobiliarios o honoríficos y una larga lista de nombres… quizás son sus amigos o su familia o su estirpe, no se, no tengo tiempo para estudiarlo a fondo.
Hay material de estudio para días, Lydel debió estudiarlo a fondo antes de conseguir entrar en el mausoleo, por eso debieron decidir abrirlo.
No hay tiempo.
Es mejor que me centre en el epitafio del sarcófago.
Sí, el encabezamiento es igual… halagos y más halagos, “bla, bla, bla”, debe haber algo más interesante…
¡Sí!, sí, sí, sí…
¡Aquí está!, es la historia de Lusofo o Losofo.
Habla de un mundo. Allí debió crecer, parece una biografía, dice algo de que al final se le considero alguien importante… honores o algo así… parece que se le considero un jefe apto para una expedición para explorar el universo.
Habla sobre muchos mundos y muchas razas visitados por la expedición, algo sobre aprender de ellos o sobre ellos… ¡Los investigaban!.
Puede que fueran sociólogos o quizás naturalistas.
Habla del último mundo… ¡Mucho!
Allí encontraron un raza “especial”, habla mucho de ellos, pero no se si bien o mal… ¡Maldita ambigüedad!
Losofo se interesó por ellos y los estudio más a fondo que el resto. Pero a los jefes de la expedición no les gusto, parece que tenían otros planes…
Habla de un enfrentamiento con el jefe de la expedición… Una lucha que perdió… Fue derrotado junto a sus seguidores…
Un momento… ¡Un momento!… esto es… ¿Puede ser?…
¡Es la historia!, ¡Lo conozco!, yo he oído esta historia antes y se como continua… ¡Claro que es un hallazgo histórico!, Lydel se dio cuenta y sabía lo que esto significa…
Pero…
¡Oh, por toda la galaxias que…!.
No.
¡Noooo!, ¡Aaaaaagh!.
La sala de mando quedo en silencio, tan solo roto por el ruido blanco del transmisor y los murmullos de la nave.
Algo después, mucho quizás, poco tal vez. Valdez enuncio en voz alta lo que todos querían guardar en silencio.
— ¡Ha muerto!.
Tenemos que ir allí, pase lo que pase, tenemos que ir allí y averiguar que coño pasa en este mundo — Hablaba en un tono bajo, frío. Nadie osaría contradecir a alguien que hablaba en ese tono — Joao, Elena, venís conmigo.
Vosotros quedaros aquí y comenzad a preparar la nave para el despegue, estad preparados, puede que tengamos que salir a todo prisa… o si nos pasara algo. ¡Despegad inmediatamente!
CAPÍTULO VII
Los tres caminaban despacio, todo lo despacio que la baja gravedad permitía.
En silencio, solo roto por la ventilación de los trajes A.E.V.
A cada paso, en cada esclusa, actuaban con extrema cautela.
Los tres tenían oscuros presentimientos.
La expedición del San Pedro.
Jack Crammer.
Magnun Magnusen.
Muertes horribles.
Algo desconocido.
Eran personas curtidas y bien entrenadas. Eran exploradores natos. Hasta el confín del conocimiento humano del universo, si, sin duda. Pero el ancestral miedo a la muerte es a veces más fuerte que cualquier convicción racional.
El instinto de conservación es muy fuerte.
Y ellos tenían miedo, mucho miedo, no obstante, no retrocedían, no se apartaban ni un solo milímetro de lo que consideraban su deber.
Héroes.
O quizás estúpidos.
La gran sala estaba vacía. Vacía a excepción de los cuerpos informes de los tripulantes del San Pedro y del infortunado Crammer.
Calma absoluta.
Nada indicaba el más mínimo peligro.
Entraron en el mausoleo.
Hecho un ovillo al pie del sarcófago, al lado de los que fueran Klaus Lydel y Chang Lao, el bulto deforme en que el traje de Magnusen se había convertido, no dejaba lugar a dudas.
Valdez sofoco la nausea tragando saliva.
Espera lo mejor y prepárate para lo peor… y aquello era lo peor.
—No podemos hacer nada por él, está muerto— No era un lamento, ni una queja, solo constataba asépticamente un hecho que habían supuesto desde que oyeran la transmisión—
Recojamos el P.D.A. de Magnusen y vámonos de aquí cuanto antes…
— Creo que eso no será posible mi querido capitán Valdez — Pietro Mastrollani se encontraba a sus espaldas, en el umbral del mausoleo. Valdez no se pregunto que era lo que tenia en las manos, solo se pregunto de donde había salido el religioso.
— ¿Mastrollani?, ¿Que demonios…?
— ¡Exactamente, Capitán, exactamente!. — Exclamó cortante el religioso.
Antes de que Manuel Valdez, Elena Radec o Joao Boiro pudieran reaccionar, el objeto que portaba en las manos el Jesuita desprendió un suave brillo y Joao Boiro cayó al suelo retorciéndose entre convulsiones.
Valdez y Radec estaban tan sorprendidos como horrorizados, apenas atinaban a comprender lo que estaba ocurriendo.
— ¿Qué demonios hace?, ¿Qué es eso?… ¡Lo está matando!.
— Sí, Capitán, es lamentablemente doloroso, pero necesario…
— ¿Necesario?, ¿Necesario, dice?… ¡Deténgase de inmediato o…!
—Fue él, Capitán, fue él. Él acabo con los tripulantes del San Pedro, por eso es el único superviviente… y mato a Cramer y Magnusen… y a Joao ahora… y nos matara a nosotros también, ¡Esta loco!
— No señorita Radec, no estoy loco — replicó en tono ofendido —. Fue duro, pero sí, es cierto, yo maté a Lao, al pobre hermano Lydel, al resto de la tripulación del San Pedro, y a sus compañeros señorita… Por favor, tiren sus armas…
Es muy lamentable, pero ha sido mi deber. Por el bien de todos, me vi obligado a matarles como ahora debo matarles a ustedes también…
No se preocupen, será rápido, apenas sentirán nada, siento no disponer de otro tipo de arma más Benévola pero… —Alzo el objeto apuntando a la mujer que retrocedió un paso hasta tropezar con los cuerpos y caer de espaldas —.
— ¿Necesario?, ¿En el bien de todos?, ¿De que esta hablando?, ¿Se da cuenta de lo que esta haciendo?, ¡Es usted un psicópata!.
— Sabe que las pruebas psicológicas hacen imposible que un psicópata salga al espacio en una misión de la confederación, Capitán. No, no es psicopatía, es necesidad, una necesidad ineludible para toda la humanidad.
A veces es necesario que unos pocos hagan dolorosos sacrificios por el bien de la comunidad.
— ¿Bien de la comunidad?, ¿Que bien de la comunidad puede justificar esta matanza?… ¿De que comunidad habla?.
—Bien… — parecía contrariado al reconocer un posible error de criterio — tiene usted razón, capitán Valdez, es bueno para el espíritu conocer los motivos del sacrifico. Serena el alma.
Lydel y luego Magnusen descubrieron el secreto de Losofo.
Cuando el hermano Klaus Lydel descifro los textos del exterior del mausoleo presentí que era lo que guardaba en su interior.
Inmediatamente comprendí las terribles implicaciones que suponía si se confirmaban mis temores..
Quise evitar la matanza. Me aferré a la supuesta amenaza de las cartelas. Pedí… ¡Exigí!, que nos marcháramos, pero no me hicieron caso.
Yo estaba aquí, con Lao y Lydel cuando terminó de descifrar el epitafio.
Comprendí enseguida que estaba en lo cierto y sabia quién era el que reposaba en este sepulcro y aconseje a Klaus que nos marcháramos, pero estaba ciego. ¡Ciego de soberbia científica ante su descubrimiento!.
— Y entonces los mató. ¡Los mato a todos!, por eso los cuerpos de ahí fuera parecía como si huyeran. ¡Huían de usted! ¡De su asesino!
— ¡Fue duro para mi, Capitán, muy duro!, — la voz parecía sinceramente apenada — ¿Cree usted que soy un monstruo?, ¿Cree que no me afectó tener que matar a diecisiete personas?
¡Claro que no!, pero había que ocultar el descubrimiento…
— Pero, ¿Por qué?. ¿Qué es tan importante o tan horrible?.
— ¿Horrible?, ¡No!, no Capitán, ¡Maravilloso!
Esta bien, le voy a contar la historia.
Filosofo, éste es el autentico nombre del ocupante del sarcófago, era uno de los jefes de una expedición científica que, procedente de un mundo mucho más avanzado que nosotros, incluso más avanzado de lo que ahora mismo podemos soñar, llegaron a la tierra hace unos 10.000 años.
Se encontraron con una especie apenas inteligente, al principio de su evolución cultural, en el albor de su civilización.
Apenas se encontraban en el transito desde ser meras manadas de humanoides, apenas organizadas, a convertirse en tribus estructuradas.
Nunca habían encontrado un caso así.
Se habían encontrado con especies mucho mas primitivas o que ya tenían una civilización establecida. Pero justo en el momento, en el instante de su salto evolutivo, de su salto cultural de las manadas a las comunidades organizadas, no, nunca se habían encontrado con un caso tan interesante en un momento tan critico.
Decidieron quedarse a observarnos, y se establecieron largo tiempo en la Tierra.
Las normas de su cultura exigían observar pero no inmiscuirse, debían dejarnos en paz y que nosotros mismos eligiéramos nuestro camino.
Camino que según parece, por lo que descifró Lydel, estaba a punto de entrar en un callejón sin salida y fracasar en ese salto en la evolución.
Es sorprendentemente difícil el salto que supone poseer un lenguaje hablado a utilizarlo para estructurar una sociedad.
Lo habían visto antes; razas que se estancaban en ese punto y no llegaban nunca a desarrollar culturas escritas, avanzadas.
Se enquistaban en meras organizaciones animales, como cazadores recolectores.
Nómadas sin más trascendencia que vivir como lo hicieron sus padres, para que así vivieran sus hijos.
El lenguaje no les servia para nada más que para aumentar su eficiencia depredadora.
Filosofo, si embargo, no estaba de acuerdo con las directrices de sus jefes. Mantenía que por las culturas fracasadas o por las que aún no han llegado al punto crítico, no se podía hacer nada, pero los humanos que estaban a punto de lograrlo. Si se podía hacer mucho.
Solo necesitaban un mínimo empujón en la dirección correcta.
Se nos podía ayudar.
Pero sus jefes no estaban de acuerdo, su cultura se basaba en la jerarquía, en las normas, en leyes de indudable sensatez, que debían ser cumplidas siempre.
Mantenían que no se podía intervenir.
La discusión se hizo más y más violenta hasta que Losofo se revelo contra sus jefes, el mayor crimen de su cultura, y junto a sus seguidores lucho contra ellos para dar a los hombres la ayuda que creía estaba obligado a prestarles.
Pero Filosofo fracasó, fue derrotado y sus naves derribadas e inutilizadas, los jefes de la expedición le juzgaron y le condenaron al destierro.
Le abandonaron en la Tierra junto a sus seguidores y la raza que tanto deseaba ayudar.
Filosofo o Folosofo, como le llamaban sus seguidores. No se el significado de tal apelativo pero entre ellos parece tener una alta consideración. Quedó abandonado en la Tierra, incapaz de volver a su hogar.
Durante muchos, muchísimos años, él, sus seguidores y sus humanos trabajaron para recuperar las destrozadas naves.
La única esperanza que le quedaba era que los humanos alcanzaran una cierta competencia tecnológica y que les ayudaran en el empeño de reconstruir sus naves.
Pero la ciencia es la suma de muchas vidas, los nuevos conocimientos de los hombres siempre se cimentan en los conocimientos antiguos de hombres anteriores.
No se puede proporcionar a una cultura 100.000 años de progreso en unas pocas décadas… o siglos.
Los hombres aún tardarían milenios en ser capaces de entender la tecnología que le ofrecía. Solo podían realizar trabajos básicos.
Aunque Folosofo, que era como los hombres le llamaban, les enseñó muchas cosas, solo lograron reconstruir una nave con los restos de las demás, una nave precaria y endeble.
El esfuerzo, la frustración, la tristeza, la añoranza y la pena hicieron mella en Folosofo, que envejeció muy deprisa para lo que era normal en su especie.
Al final, cuando estaban dispuestos para partir, Losofo, murió en el exilio.
Sus seguidores partieron, transportando su cadáver. Habían jurado devolverle a su hogar.
Pero la nave remendada sólo pudo traerles hasta aquí antes de averiarse. Establecieron una base para tratar de repara la nave pero sabían que sus posibilidades de alcanzar su mundo natal eran casi nulas y decidieron edificar esta necrópolis para dejar reposar a su líder.
Intentarían volver a por él algún día si lograban su objetivo. Mientras, él estaría aquí, seguro y a salvo. Luego marcharon a la búsqueda de su planeta, para implorar el perdón y devolver a casa a su señor.
Está claro que no lo consiguieron ya que nunca volvieron a por Folosofo. Probablemente, la nave fallo definitivamente, o murieron o quedaron atrapados en otro lugar. O quizás no fueron perdonados.
Aunque esto es solo una suposición por mi parte, ya que en el epitafio no dice nada al respecto, como es lógico.
Mientras, en la Tierra, los humanos seguidores de Folosofo. Una pequeña minoría en un mundo hostil repleto de tribus primitivas en el albor de sus culturas, incipientes gracias al impulso que les había proporcionado Folosofo. Se extinguieron y con ellos la sociedad avanzada que las enseñanzas de Folosofo les había ayudado a construir.
Su cultura se diluyó en las brumas de pasado, en los orígenes de las civilizaciones antiguas, pero no fueron del todo olvidados. ¡Fueron leyenda!, persistieron en su mitología, recordados de un a forma u otra.
En todas las culturas que se desarrollaron a continuación, herederas directas de su sabiduría, deudoras de ella. Siempre quedaron leyendas de mundos fabulosos, ciudades mágicas, hombres sabios.
¿Nunca le ha sorprendido lo parecidas que son todas las cosmogonías?
No claro, usted no piensa en estas cosas.
Quedó el recuerdo de la historia de Folosofo, la leyenda, más o menos distorsionada.
La leyenda del sabio que se enfrento con los dioses y fue desterrado del cielo, para reinar en el infierno.
Para desde su reino tentar a los hombres con el conocimiento que los dioses no desean que tengan.
¿Le suena, Capitán?
La leyenda se contó de muchas formas y al sabio se le dieron muchos nombres.
Quizás el Prometeo de los griegos, que robó el fuego y la sabiduría a los dioses para entregárselo a los hombres, y por ello fue condenado a ser devorado por las rapaces, atado con cadenas de cobre en el Cáucaso.
Quizás Osiris, el dios civilizador de Egipto, junto a su hermana y amante Isis, que fue desmembrado.
Es curioso que cuanto más antigua es la cultura, la figura de la leyenda se torna más benefactora de los hombres y el castigo recibido por su bondad, más cruel.
Pero… lo mas probable que ustedes, como descendientes de una cultura moderna como la judeocristiana, lo conozcan por una forma del nombre original del mito; Filosofo o Folosofo. El nombre grabado en esta tumba; Losofo, que evoluciono en Lusofo, Lusofer… ¡Lucifer!
— ¡Lucifer!, ¿Quiere decir que el Demonio, está enterrado aquí?…
— Si señorita Radec, este es el sepulcro del Demonio, del Diablo, de Satanás, de Lucifer…
— Pero eso es una locura, es imposible, el Diablo no existe, es solo una fantasía para asustar a los niños pequeños, es solo una leyenda infantil, una superstición.
— Los pueblos suelen tender a olvidar sus orígenes y convertir su historia, en leyenda.
No Capitán, no es una fantasía. No es una locura. Fue real. Es la historia de la humanidad.
La leyenda es una superstición sí, pero aquí esta enterrado el padre de la humanidad, que, curiosamente es el origen de la leyenda de Lucifer, de la leyenda de la fuente de todo mal.
Capitán. ¿Entiende ahora la importancia de este sepulcro?.
— Y por eso había que matar a tantas personas, ha matado a veinte personas. ¿Por eso lo ha hecho?, porque usted cree que aquí está enterrado el Demonio.
— No Capitán, no es eso, y lamento que no lo entienda… — dijo cansino —Pero ya es tarde, no podemos prolongarlo más. —En efecto, Elena Radec sufrió poco. Como el Padre Pietro Mastrollani había prometido fue muy rápido. El rayo de microondas, una especie de evaporador de líquidos portátil, que normalmente se usaba para fundir hielo o calentar materiales en el espacio, emitió un haz de microondas concentrado que hizo hervir, literalmente, el cuerpo de la joven. Elena Radec estallo dentro de su traje al evaporarse casi instantáneamente el agua de su cuerpo.
— ¡No!, ¡Dios mío no, ella no!.
¡Esta usted loco!, — Valdez se había arrodillado junto a la especialista y ahora se volvía amenazador a Mastrollani —, y, ademas es inútil esta matanza, Cristina y los demás están en el Defender y lo han escuchado todo por la radio. Aunque me mate ahora no lograra nada, en estos momento deben estar despegando y a punto de informar a la tierra.
Esta matanza… ¡Su matanza!, no habrá servido para nada… pronto toda la confederación sabrá lo que ha ocurrido aquí y lo que tan desesperadamente quiere esconder, ¡Es inútil, Padre!, vendrán y le atraparan, si aun esta vivo cuando lleguen, ¡Pagara por esto, Pietro, pagara por esto!.
— Sin duda pagaré, hijo mío, — pese a la ambigua dialéctica jesuita, en su voz se percibía una enorme tristeza —, muy alto será el precio que pagaré.
Pero no será por la justicia de los hombres, Capitán.
En el Defender, aparte de sus compañeros, esta el Reverendo Makintair, que a estas horas ya debe tener pleno control sobre la nave…
Siento comunicarle que su querida Primer Oficial Almeida, y el joven Tripulante Mogutu, por el bien de todos los hombres, han muerto también…
Con la furia ciega que da el dolor por muerte del ser amado.
Con la ciega rabia ajena a todo control racional, Manuel Valdez se lanzo de un salto contra el Padre Pietro Mastrollani.
Por una vez en su vida, perdió por completo el control de sus actos y no pensó lo que hacía, solo actuó.
No pensó.
Si hubiera pensado se hubiera acordado del arma de raíl que estaba en el suelo a su lado, al alcance de su mano.
No pensó en amagar un golpe y saltar al otro lado para esquivar el disparo del rayo de micro ondas, mientras aferraba el arma.
No pensó en girar sobre si mismo y acribillar al Padre con proyectiles de aluminio acelerados a un décimo de la velocidad de la luz.
No pensó en volver al Defender y estrangular al Reverendo Makintair, por asesinar a Cristina y Mogutu.
Porque no pensó en ellos.
No, no pensó en sus amigos, en su tripulación.
No pensó en su nave,
No pensó en su deber de capitán.
No pensó en nada.
Solo saltó hacia el religioso con la incontrolable necesidad de despedazarle con sus propias manos.
Instantes después, dolorido, Pietro Mastrollani logro desembarazarse del informe traje espacial que le aprisionaba y que instantes antes le había derribado.
La baja gravedad había hecho que la brutal embestida de valdez los arrastrara a ambos fuera del sepulcro, una veintena de metros por la sala, hasta quedar tendidos, el unos sobre el otro, en el suelo.
Pero Valdez había recibido de lleno el impacto del arma, durante el salto, Pietro Mastrollani solo acuso el golpe por la embestida del cuerpo destrozado del capitán Manuel Valdez, reventando dentro de su traje A.E.V.
CAPÍTULO VIII
— ¿Todo listo, hermano Makintair?.
— Si padre Pietro, el sarcófago esta asegurado en la bodega de carga y los explosivos listos en la gran sala, cuando exploten no quedara rastro de ella y del mausoleo. Pronto sus secreto solo serán un recuerdo para nosotros dos.
— Es una lástima que esta nave de rescate solo transportara los explosivos mínimos necesarios para una operación de este tipo, hubiera querido borrar el complejo, y si fuera posible el planeta entero, del universo.
— Cuando el Reactor del San Pedro estalle no va a quedar mucho en la zona…
— Si, pero esta demasiado lejos. Los subterráneos quedaran intactos, esos antiguos sabían construir muy bien.
Por eso hay que dinamitar la sala y el mausoleo.
— Padre.
— ¿Si?
— ¿Era necesaria tanta muerte?.
— Ojalá no hubiera sido necesaria… — suspiró — Si Klaus me hubiera hecho caso…
Pero no, su arrogancia científica no le dejaba ver la importancia moral de la cuestión.
Los franciscanos siempre han tenido una visión demasiado humanística del mundo, su teología es muy básica.
Vino a verme nada más descifrar el epitafio, él y solo él, lo había entendido y se lo ocultó al Director Lao, estaba sobrecogido por la perspectiva histórica del hallazgo, pero no comprendió las implicaciones. Quería confiarme a mi primero su descubrimiento, estaba como un niño, alborozado y feliz. Según él solo yo podía entender el hallazgo, y en verdad así fue, pero en otro sentido al que pensaba Klaus.
Repetía una y otra vez que era el mayor descubrimiento arqueológico de la historia.
Al día siguiente quería traducirle el texto a Lao, allí, en el sepulcro.
Pasé toda la noche intentando convencerle de que debíamos ocultar la información, pero le horrorizaba la idea de mentir.
¡La humanidad debe saber!, ¡tiene derecho a saber!.
Repetía una y otra y otra vez.
No me dejó mas opción que actuar como lo hice.
Fue muy duro para mi matarlos, ¿Sabe?, no me creía capaz de hacer algo así, de verdad.
Pero no tenía tiempo para pedir consejo al conclave, me vi obligado a tomar la decisión por mi mismo.
Cuando volví a la nave con el tripulante Ustinov, al que solo había alcanzado parcialmente, agonizando.
No había sido capaz de rematar a Ustinov, pero murió igual afortunadamente.
Cuando volví estaba desconcertado, completamente anonadado.
Por eso me descuidé y cuando quise reaccionar y acabar con el resto de la tripulación el capitán Rasvart ya estaba despegando.
Me di cuenta de que no podíamos marcharnos e informar, que debía evitar a toda costa que otra expedición sin control de la Fundación pudiera llegar a las mismas conclusiones que Lydel.
El mausoleo debía ser ocultado.
Cuando reaccioné, maté a Rasval, su Primer Oficial y el Especialista en el puente, pero no fui capaz de controlar la nave y me estrellé con ella.
La sala de maquinas estallo por la sobrecarga del despegue abortado, solo con la habilidad del resto de la tripulación se pudo evitar el desastre total, pero sospecharon en seguida de mi y me obligaron a matarlos.
Pese a sus esfuerzos la nave era irrecuperable, de no haber sido así, hubiera cargado el sarcófago en ella y me hubiera marchado de aquí.
Sólo hubieran encontrado un mausoleo vacío con unas oscuras referencias a un tal Losofo.
Pero por desgracia me fue imposible huir y solo pude esperar.
Cuando ustedes llegaron y el capitán Valdez abordo el San Pedro, apenas pude esconderme en la cámara frigorífica y fingir que me había salvado milagrosamente.
Fue providencial que usted formara parte de la expedición de rescate, así ha sido posible disponer de una nave para llevarnos a Lucifer de aquí y borrar todo rastro de él en el planeta… y en la historia, claro esta.
—Si, padre, pero… ¿De verdad cree usted que es la única solución?, —Mastrollani miró fijamente a los ojos de Makintair, este, azorado, continuo hablando —, bueno,… mis ordenes son claras; se me ordenó que en el caso de que usted viviera debería obedecerle ciegamente y en todo lo que me ordenara. Estoy a su completa disposición y haré lo que sea necesario.
Pero aun así, — tartamudeó — no termino de entender porque es tan imperativo ocultar esta historia.
Mastrollani guardo un largo silencio que rompió en voz muy baja, paternal, casi dulce.
— Si, hijo, sé que no eres un miembro del conclave y no conoces toda la verdad. Puede ser difícil de entender para ti.
Pero si en el conclave no hubieran pensado que eras de absoluta confianza no te habrían enviado a esta misión.
Los informes previos que envié les debieron poner sobre aviso, aunque no supieran exactamente de lo que se trataba.
Déjame que te lo explique.
La Fundación Olimpus fue creada para poner definitivo fin a la lucha que todas la religiones mantienen entre sí desde tiempos inmemoriales.
Sabes pues, que todos los sacerdotes creemos estar en la posesión de la verdad absoluta sobre Dios, que creemos que nuestra visión de Dios es la única autentica. La única verdadera.
Aún hoy, en la paz de la Gran Tregua seguimos creyéndolo así, independientemente de la religión que profesemos.
Pero es evidente que como todas las religiones se manifiesta excluyentes con las demás, si una posee la única autentica verdad, las demás no pueden tenerla y por consiguiente, son falsas.
Pero, ¿Cual es la autentica Fe?
Durante siglos nos hemos estado peleando y vertiendo sangre para demostrar cual es la verdadera forma de adorar a Dios. Imponer nuestros credos por medio de la violencia y las armas, cuando, en realidad, nuestra lucha era la misma; encontrar a Dios.
Hemos aprendido y madurado, ¡Gracias a Dios!. Ahora ya no combatimos entre nosotros.
El Papa Inocencio XIII, ¡Bendito sea!, fue iluminado por Dios y supo cual era el camino a tomar para acabar con las luchas sangrientas que nos enfrentaban. Se reunió en secreto con todos los líderes religiosos y les confió su visión.
Todos se sorprendieron de la maravillosa sencillez de la idea.
Podían estar enfrentados en la teología pero estuvieron de acuerdo en la propuesta, síntoma inequívoco de la mediación de Dios.
Se decretó. Con el apoyo incondicional de todos, la que se dio en llamar la Gran Tregua de Dios.
En secreto, claro esta. La humanidad no esta preparada para comprenderlo.
Por eso, para la humanidad sigue siendo un misterio porque se dejó de predicar la guerra santa, por ejemplo. Porque árabes y judíos dejaron de matarse entre si de la noche a la mañana. Y todo empezamos a ser tolerantes con las creencias de los demás.
En todo caso, la Gran Tregua ha tenido como resultado que en los últimos 175 años ha habido paz entre todas las religiones.
Pero solo es una tregua.
Cuando fueron posibles los viajes interestelares, se conoció a otras especies y se creo la Confederación, fue el momento para crear La Fundación Olimpus.
Que de cara al exterior es una organización seglar, independiente de las autoridades religiosas, dedicada al estudio de la historia y las creencias universales.
Pero que está formada en su mayoría por sacerdotes de todas las religiones y dirigida en secreto por el conclave, una asamblea de los más sabios entre las más altas autoridades religiosas.
Como sabes, La Fundación reúne a todas las religiones y todos los religiosos con el objetivo secreto de encontrar a Dios, donde quiera que este en el universo y sea cual sea la forma que adopte.
La Fundación manifiesta que solo le interesa conocer las creencias de todo el universo, pero en realidad buscamos la autentica forma de Dios.
Lo que no sabes es que el acuerdo secreto al que llegaron los líderes religiosos a propuesta del Papa Inocencio XIII, es que la tregua acabara cuando encontremos a Dios, entonces conoceremos la verdad y sabremos que religión es la autentica.
Pondremos fin a la larga disputa entre nosotros, todas las religiones falsas serán destruidas, disueltas, reconocerán su error y sus creyentes pasaran a adorar al único Dios.
Queremos encontrar a Dios y preguntarle cual es la forma de adoración que más le agrada, para que, por fin, la humanidad se haga digna de Él, según sus deseos.
Cuando llegue ese día, el Conclave y la Fundación se harán cargo de dirigir a la humanidad como Dios disponga.
Ese es el gran acuerdo que el Conclave de la Fundación guarda, y el objetivo final que persigue proteger y conservar.
—Pero padre, ¿Que importaría que se supiera que hemos encontrado a Lucifer?, ¿No sería acaso un paso más para encontrar a Dios?
—¡Para nosotros si! — dijo con vehemencia —, pero el resto de la humanidad quizás no lo viera así.
Sí, hemos encontrado a Lucifer. Y… ¿Quien es?, ¡un sabio extraterrestre peleado con sus superiores! No es el ángel caído en desgracia por revelarse contra los designios de Dios, no robo la sabiduría de los dioses para dársela a los hombres, se la quito a sus iguales, tan mortales como él mismo.
¿No ve las connotaciones?.
Si Lucifer no era Dios, y no le robó el fuego a Dios, es que ni él ni dios existen como divinidades.
Dios no existe.
En una humanidad materialista, científica, racional, como la actual, la gente, el pueblo que no está suficientemente preparado en temas teológicos, tendería a tomar la decisión más sencilla sin meditarla lo suficiente.
Si Satanás no existe, y Dios tampoco. Entonces el pecado es imposible… La moral, la educación, la ética, la sociedad en suma, se derrumbaría porque necesitan de nosotros, de la religión y de Dios para saber que es lo que está bien y que lo que está mal.
Si llegaran a esa horrible convicción, nos seria completamente imposible convencerlos de que nuestras enseñanzas son las correctas. Por muy seguros que estuviéramos nosotros de que Dios existe, la inexistencia del Diablo nos haría imposible convencer al mundo de
la existencia de dios y perderíamos el poder sobre la sociedad, que se derrumbaría en el desorden y la depravación.
Seria el fin de la civilización.
La civilización que debemos a Filosofo.
Por eso nunca deben saber que el Diablo no existe… al menos hasta que podamos enseñarles a Dios cara a cara.
— Pero Padre, usted mismo lo ha dicho, la humanidad es racional y materialista, por desgracia los creyentes somos cada día menos.
— En la superficie, Jonas, en la superficie… Pero en lo profundo del ser de cada hombre y cada mujer, por materialista que se crea, esta la Fe, esperando ser regada para florecer.
¡Pero si hasta el racional capitán Valdez invocó el nombre Dios cuando creía que estaba a punto de morir!.
Todos tienen Fe, aunque no lo sepan conscientemente, los que lo sabemos profesamos o trabajamos en la Fundación, los demás tienen Fe pero no lo saben.
La Fe de la humanidad espera a que la despertemos cuando llegue el momento, y lo haremos entonces, cuando les mostremos la cara de Dios.
— Entiendo Padre.
— Sabía que lo entenderías, hermano.
— Solo una cosa más, ¿Que vamos a hacer con él?
— Si, es una decisión delicada.
Como sabes, mandé un informe por cauces seguros al cónclave en cuanto subí a esta nave y me fue posible, gracias al transmisor oculto que llevabas en tu equipaje.
He recibido una sola orden del cónclave; debemos ocultar a Lucifer allí donde creamos conveniente, pero en un lugar donde nadie pueda encontrarlo jamas, ni siquiera el cónclave.
— En tal caso no seria mejor destruir el sarcófago…
— ¡No, por Dios, no!, eso nunca, hermano. Filosofo no es el ángel caído, pero es, indudablemente, el padre de la humanidad, de la civilización humana, merece un respeto y nuestra veneración, no como un dios, pero si como un padre.
— ¿Entonces?
— Entonces, hermano, ahora empieza la misión más importante que puedas haber soñado nunca.
Debemos intentar devolver a Filosofo a su hogar, allí estará a salvo, y La Fundación también estará segura de ese modo.
— Puede ser el trabajo para toda una vida…
— Y puede que para varias vidas. Algún día, probablemente, deberemos buscar hermanos que nos sustituyan en esta labor y que defiendan a toda costa a Lucifer, hasta que encontremos su casa.
Puede que tengamos que fundar una nueva orden monástica, de monjes guerreros, que cuide de Lucifer y busquen su hogar, será un larga y dura labor que Dios a tenido a bien encomendarnos, hermano.
— ¡Que así sea, hermano!.
— ¡Amen!
CAPÍTULO IX
Tiempo: Algún día.
Lugar: Algún rincón perdido en la inmensidad del universo.
Donde: En la nave espacial de rescate Defender, renombrada como Sagrada Custodia.
Quienes: Dos sacerdotes imbuidos de la fe en la verdad absoluta de su dios, custodios de un secreto absoluto, embarcados en una búsqueda que con toda probabilidad nunca acabara.
Empeñados fanáticamente en que la humanidad es un niño pequeño al que hay que ocultarle las verdades difíciles de la vida, porque no será capaz de entenderlas con madurez, de asimilarlas.
Empeñados en dirigir y controlar el destinos de los hombres, por su propio bien.
Ciegos ante la autentica verdad; que una humanidad adulta y madura ya no necesita de salvadores, de secretos, de dirección espiritual.
Que ya no necesita que nadie les diga cual es la verdad única y auténtica porque ya sabe buscarla por si misma, ya sabe diferenciar entre lo bueno y lo malo.
Ciegos ante la verdad de que su tiempo, su época ha llegado a su fin, y que la humanidad ya no les necesita, ni les quiere.
Custodios del último sagrado misterio inútil en cuyo nombre han derramado sangre inocente, como parece que es el sino de toda religión.
El sino de todo fanatismo.
Dos hombres que, en suma, se han erigido en asesinos fanáticos por el bien de la única verdad.
Porque: En la bodega del Sagrada Custodia, un sarcófago esconde los despojos, hace tiempo convertidos en polvo, de una gran ironía.
La gran ironía de Filosofo, que murió ajeno a ella. Pero que al final es su víctima.
La ironía, que no consiste en que su lucha, su sacrificio y su muerte por el bien de la humanidad se perdiera en el olvido.
Que no consiste en el castigo de no volver jamas a su hogar, para al final no haber acabado sino en una olvidada leyenda de la raza a la que enseño y por la que se sacrifico.
No, con ser unas grandes ironías, no son la mayor de las ironías.
La mayor ironía consiste en que él, que fue el abnegado padre de la humanidad, que luchó, sufrió y se sacrificó por los hombres para que tuvieran la posibilidad de crecer y crear su civilización.
¿Cabe más noble sacrificio?
La Gran Ironía es que Él, que tanto hizo por los hombres, haya acabado siendo el arquetipo, el símbolo absoluto de toda maldad, toda perversión, todo perjuicio y perdición de los hombres.
La gran ironía es que para toda la raza por la que Él se sacrificó, Él es la fuente de toda maldad.
No hay ironía mayor ni más injusta.
Pero el polvo es tan ajeno a la ironía, como indiferente a la vuelta al hogar.


