Seguimos con los curas

mahoneyResulta inevitable porque cuando leo la prensa, sale el tema. Además sale casi cada día y eso lo hace especialmente odioso porque se trata de curas, o sacerdotes, como quieras llamarlos, que en su calidad de “ungidos” alivian sus ardores sexuales de la forma más miserable que puede existir. Con niños o niñas abusando de ellos y ellas con las tretas más abominables e inculcándoles el temor ante sus posibles reacciones adversas y/o ante sus posibles delaciones a sus padres o superiores de los actos a los que han estado sometidos o sometidas.

En esas estamos cuando leo que en la ciudad de Los Ángeles la archidiócesis de la ciudad pagará casi un millón de euros a cada una de las 500 personas sufrieron las vejaciones. Una cifra que aunque parezca muy grande, es demasiado pequeña ya que esa cantidad no fue dictada por un jurado y un tribunal sino por el acuerdo de indemnización al que han llegado los abogados de los demandantes.

Es decir, el cardenal Roger Mahony, como cabeza de la Archidiócesis de Los Ángeles, tendrá que vender propiedades de la misma para reunir el dinero comprometido en el acuerdo y que según el diario Los Ángeles Times, la Archidiócesis posee en la ciudad un patrimonio inmobiliario valorado en 40.000 millones de dólares (29.000 millones de euros).

Al margen de los delitos cometidos por esos curas, que entiendo deberían estar castigados con penas de cárcel, me asombra el enorme patrimonio que tiene esa Archidiócesis, porque si se siguen al pie de la letra lo dicho por Jesucristo en los Evangelios, la Iglesia Católica está y obra al margen de ellos y no comprendo cómo personas buenas, inteligentes y normales pueden ver todos este cúmulo de maldades y codicia sin que se les plantee la menor duda moral sobre esa Iglesia corrompida y amoral.

Por supuesto que la noticia destacada en sí misma no es la de esa Archidiócesis, sino la de esa oscura y tenebrosa mano de esa Iglesia que me repugna y que intenta tapar a costa de lo que sea, sus vergüenzas y maldades, indignas de personas que se auto proclaman “siervos de Dios y ungidos por el sacerdocio”.

Para esa Iglesia corrupta y para los que la han corrompido y para todos aquellos y aquellas que permiten que eso ocurra, para todos ellos,

Aprieto con diez vueltas el tornillo

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