Cambio horario

horario

De nuevo, este domingo -último del mes de octubre- tendremos que retrasar los relojes una hora (Cuando marque las tres de la madrugada, tendremos que ponerlos a las dos) ya que es de obligado cumplimiento en toda la Unión Europea desde enero de 2001.

Este “dislate” se comenzó a gestar desde 1974 cuando estalló la primera gran crisis del petróleo y algunos gobiernos decidieron adelantar una hora durante los meses de más luz (entre marzo y finales de septiembre) y en principio, para reducir el consumo de electricidad.

Muchos son los detractores de esa medida que un marzo nos quita una hora de sueño y en octubre no da una hora más. El cuerpo se habitúa con más o menos rapidez a esos cambios horarios, en función de la edad, pero lo que no está demostrado es que el pretendido ahorro sea significativo como para justificar esa cambio horario.

Influyen además otros factores. Hay quien dice que el ahorro conseguido por la mañana se pierde por la noche y quien demuestra que sus repercusiones, especialmente en verano, son muy distintas en función de la situación geográfica de los países y también diferentes en cada sector de actividad.

Además, el ahorro energético pretendido no es pues el mismo en un país del norte que en uno del sur. Por eso en España, no tiene las mismas consecuencias en Baleares que en Galicia, zonas entre las que existe una diferencia solar de una hora.

Si la Comisión Europea reconocía en 2000 que el ahorro energético era “relativamente modesto”, entre un 0 y un 0,5%, tesis que corrobora Red Eléctrica de España, que lo considera “insignificante, no relevante” y que “De no producirse el cambio horario -informó un portavoz de Red Eléctrica- el consumo de más estaría en torno a los 40.000 megavatios hora al año, una cantidad insignificante frente a los cientos de miles de gigavatios que se consumen anualmente”, pues nos encontramos con una medida que no tiene acomodo en nuestra sociedad y que causa más molestias que beneficios.

Por eso, para los políticos que hacen las cosas por inercia y sin entrar en el fondo del asunto y por las indudables molestias que nos causan a todos los ciudadanos y ciudadanas,

Aprieto con tres vueltas el tornillo

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12 pensamientos en “Cambio horario

  1. Hola! esto es una “castaña” no sé quien diablos ahorrará algo, si va lo comido por lo servido.. y encima descabala a todo bicho viviente, no dudo que cuando la “crisis del petróleo” en el 73, tenía su aquel, pero caramba que estamos en el 2007, en pleno siglo XXI, y seguimos como en las cavernas.

    Si me atrasan una hora, voy encender la luz de todas maneras, salvo que se imponga comprar velas, o llevar un casco de minero..

    Sin comentarios.. no sé quien ahorrará.. yo sigo gastando lo mismo, se hace de noche antes, y encima amanece más tarde..

    Un abrazo, :S

  2. Tienes razón, Memori@, no sirve nada más que para descolocarnos a todos, porque lo que es ahorro… ná de ná.
    Un abrazo.
    :S

  3. Esta es una de esas cosas que están establecidas y que parece que tengan que hacerse porqué sí. Pues yo también soy partidario del horario de verano: salir de trabajar a las seis y que sea de noche deprime mucho…jejejeje!!! Saludos Javier, gran post.

  4. Hola Petiot:
    Pues qué quieres que te diga…
    A mi también me hace ilusión que a las 21:30 se vea el sol en verano pero no es normal.
    Prefiero el horario solar que es el natural y no altera nada la salud.
    Un saludo.

  5. Hace años había una canción que decía que la culpa de todo era de Yoko Ono.

    Pos no, la culpa de todo la tiene Benjamin Franklin (de 1.706 a 1.790).

    Si señor, que lleve unos días que como sin ganas y que más que cenar me apetezca merendar y que me acueste sin sueño porque ya llevaba dando cabezadas un buen rato y me he acabado desvelado, la culpa de todo esto la tiene Benjamin.

    ¿Que tiene que ver?.

    Bueno, Benjamin fue, a parte de “patriota” yanqui, inventor, pensador y excéntrico, empresario.

    Un tipo raro, como yo, vamos.

    Fue el editor e impresor del Pennsylvania Gacette, periódico dedicado a la innovación y la propuesta de mejoras sociales.
    Entre otras cosas, se le ocurrió que si se adaptara la hora oficial a las horas de luz natural según la época del año, se ahorraría mucho dinero en iluminación.

    A mediados del siglo XVIII ya era habitual la utilización del reloj y ya existía un horario más o menos oficial.
    Tengamos en cuenta que el siglo XVIII es el siglo de las grandes expediciones, el siglo de los exploradores, Cook ( de 1.728 a 1.779 ), Malaspina ( de 1.754 a 1.810 ) o La Pérouse ( de 1.741 a 1.788 ), que exploraron la cartografía del mundo.
    Cosa que hubiera sido imposible sin el cronómetro, hacia mas de un siglo que era herramienta imprescindible y secreto militar de estado poseer los mejores cronómetros para poder calcular la longitud en la navegación, conociendo la distancia recorrida en un tiempo dado fijo y conocido.
    La latitud se calcula gracias a las medidas de la altura del sol sobre el horizonte a horas fijas.
    Ambos datos solo es posible calcularlos si se tiene un conocimiento exacto del tiempo y su medida.

    Hasta 1.925 no se adopto el meridiano de Greenwich como origen cero de la cartografía y del tiempo mundial, pero para los navegantes ingleses y por extensión para muchos otros, desde que el Rey Carlos II definió este meridiano como cero
    en 1.675 ha sido el origen del tiempo y la tierra.

    Los anglosajones siempre tan modestos.

    Osea que ya entonces empezaba la esclavitud del reloj, y eso que los japoneses de entonces solo pensaban en el Busido y en la que les había caído encima con los jesuitas de Javierre. Aún no se habían dedicado a ponerle relojes digitales a todo cachivache, por peregrino que parezca.

    Y… Bueno… parece que ahora les ha dado por los Mp3 en todos los sitios, pero eso es otro tema.

    El caso es que el bueno de Benjamin ya usaba el reloj a menudo y como empresario de la incipiente primera revolución industrial — se considera que empezó a mediados del siglo XVIII — utilizaba horarios para sus trabajadores y observo que era difícil elegirlo. El horario, no los trabajadores que con cuatro emigrantes colonos y diez esclavos negros se apañaba bien. Si tenia en cuenta las hora de luz diurnas.

    Si elegía un horario adecuado para aprovechar la luz solar invernal, en verano desperdiciaba muchas hora de luz natural.
    Mientras que si hacia lo contrario, en invierno tenia que alumbrar su taller muchas horas y eso era mucho dinero.

    Según parece aparte de algo inconsciente, mira que volar cometas en la tormenta, cachis ya, Bejamin era bastante avaro.

    Así que propuso, aunque no se le hizo demasiado caso, cambiar el horario en invierno y en verano en función de las horas solares.

    Y… Bueno… En aquella época se alumbraba con aceite, queroseno y velas de sebo.

    No deja de ser una idea bastante razonable… en su época.

    Como tantas otras ideas no se le hizo caso, hasta que dos siglos después, primero los poco dados a la prepotencia y el egocentrismo norteamericanos, y después , durante la primera crisis del petróleo, se le ocurrió a varia mentes preclaras que podían seguir las ideas de Benjamin e imponer los horarios estacionales… ¡Que mal rayo los parta!, ¿no podían haberse limitado a clavarle agujas en los ojos a los gatitos para satisfacer su sadismo?.

    En los albores del maquinismo de la primera revolución industrial era lógico adaptarse a la única fuente abundante de luz disponible; el Sol.

    Pero ahora, ¿Tiene sentido ahora?.

    Pues no.

    Dejemos a un lado los razonamientos , no por menso manidos menos ciertos, de las molestias biorítmicas, — joder, así ando yo, ¡Ostiya! —, o del escaso, por no decir irrelevante ahorro — con solo sustituir al iluminación publica por otra de bajo consumo y alimentación solar, se ahorraría diez veces más—.
    Lo que a mi me molesta, como siempre, es la estupidez supina, esto es profundamente idiota.

    Como puede alguien creer que en una sociedad, en la que el 90% de los centros laborales son locales cerrados que usan luz artificial de forma intensiva, y que en la gran mayoría de ellos se usa esta iluminación artificial independientemente de la luz natural, van ahorrar algo por empezar a trabajar una hora solar antes o una hora solar después.

    ¿Que imbécil puede creer algo así?.

    ¡Un ministro, claro!.

    Si un currito tiene que levantarse a las cinco de la mañana para recorrer 50 kilómetros hasta su trabajo, ¿Va a ahorrar algo por levantarse dos o tres horas solares antes de la salida del sol?.
    ¿No se ahorraría más procurando acercar los domicilios a los trabajos? .

    O simplemente comprendiendo que los transportes públicos son un servicio público imprescindible y no un negocio. Haciéndolos funcionar bien, eficientemente y baratos a costa del erario publico, y no convirtiendolos en inútiles, lentos y engorrosos negocios a costa del erario publico, como ocurre ahora, obligando a muchos trabajadores a derrochar tiempo, dinero y energías inútilmente.

    Ya, ya, ya, es más fácil hacer que se cambie la hora del reloj que cambiar las estructuras laborales en las ciudades o conseguir una distribución racional del trabajo y sus horarios.

    Hay un conocido gran almacén de nombre anglosajón en Compostela, que tiene un enorme ventanal orientado al sol, pero 24 horas al día, 365 días al año tiene medio millón de vatios en iluminación encendida.

    ¿Ahorran algo por cambiar la hora?.

    ¿Y los cuatroprecientosmil supermercados que existen ahorran algo?, en su iluminación permanentemente encendida.

    ¿Y el currito?, ¿Cambia algo que en vez de usar la luz eléctrica por la mañana al ir a trabajar, la use por la tarde al volver?.
    Pero si el problema esta en que los horarios laborales del 90% de la gente, son tan absurdos y largos que es imposible que empiecen y acaben con luz natural, en muchos casos, ni siquiera en verano.

    ¿La dependienta con horario de siete de la mañana a nueve de la noche, ahorra algo con el horario estacional?.
    Ataques de nervios no se ahorra, desde luego.

    Llevan 15 años convenciendo a todo el mundo para usar intensivamente la energía eléctrica, miles de cacharritos en reposo, nunca apagados, cientos de electrodomésticos todos eléctricos…

    ¿No se ahorraría más potenciando la implantación de energías mas limpias e ilimitadas?.

    Pero claro, como rentabilizar y ponerles impuestos de consumo a la luz solar o el viento.

    Bueno, podría seguir y seguir, pero creo que es ya absolutamente evidente que esto del horario estacional es una de tantas cosas, cuya única justificación es el inherente sadismo intrínseco a cualquier gobernante, al que la única actividad sexual que le queda es comprobar hasta que punto puede joder al pueblo sin que este le monten una quema de la bastilla… o de la finilla si es muy pijo, claro.

    Pensándolo bien, tienen razón, si somos tan pero que tan absolutamente aborregados y gilipollas como para aguantar este y otros desmanes sin capar gobiernos, nos merecemos no solo el horario estacional, sino que nos cambien la hora catorce veces al mes.

    Y más cosa que me callo por decencia y porque se me asaltan las alagrimas.

  6. ¡Caramba Jorge!
    Toda una disertación que queda archivada.
    Agradezco tu colaboración y recibe un saludo muy cordial.
    🙂

  7. Bueeeeeno, faaaaale, acepto pulpo como animal de compañia, muy cariñoso y dado al abrazo, eso si.

    La cama la pongo yo, pero con iva

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