¡Basta ya!

Comienza un nuevo año y sin el propósito de hacer balance del año que ha pasado, no puedo evitar que mentalmente haya dado un repaso a lo que ha ocurrido en este país y, como en todo en esta vida, hay cosas que me han gustado más que otras y hechos que me han hecho reflexionar seriamente.

Han ocurrido acontecimientos brutales y lamentables y actuaciones de políticos que han sido especialmente deleznables bajo mi punto de vista, claro.

Los terroristas han hecho gala de su desprecio por la vida de los demás y han seguido testimoniando que no se merecen estar entre la categoría de “ciudadanos” sino en otra bien diferente y ajena a nuestra concepción de lo entendemos por convivencia.

En el otro platillo de la balanza y me refiero a la de los despropósitos, sitúo con estandartes y con medalla, a los jerifaltes de la iglesia católica.

¡Qué despreciables e hipócritas llegan a ser! ¡Cuanto veneno destilan todas sus palabras aunque las disfracen con esa pronunciación meliflua que les caracteriza o con esa “ira divina” propia del cinismo que les inculcan desde el seminario!

Han dicho tantas cosas que entre ellas, están las referentes a la norma que regula el matrimonio entre personas del mismo sexo; las que regulan la interrupción del embarazo; la educacion para la ciudadanía, etc. etc.

Todas ellas, dictadas para todo el abanico de ciudadanos y ciudadanas de este hermoso país, incluidos ellos, los que vociferan e insultan.

¿Cómo se atreven a decir que las normas que regulan el matrimonio entre personas del mismo sexo rompen con el matrimonio de las familias?

¿Es que acaso las familias formadas por hombre y mujer se van a romper porque mis vecinas -las dos son mujeres- se hayan casado (civilmente, claro)?

¿Es que acaso la iglesia católica reconoce los matrimonios civiles de heterosexuales si no pasan después por la iglesia?

¿Es que acaso la iglesia católica reconoce los matrimonios civiles entre divorciados?

A todas estas preguntas, la respuesta es NO.

Y si es que no reconocen esos matrimonios civiles, ¿a qué viene ahora rasgarse las vestiduras con este engaño de los matrimonios entre personas del mismo sexo?

¿Será porque no pueden sacar dinero de las anulaciones matrimoniales del Tribunal de la Rota?

¿O acaso será porque es una táctica para preparar el terreno para las próximas elecciones generales y echar una mano al PP?

No sólo se trata de la regulación del matrimonio, se trata de todas las normas que se han aprobado en esta legislatura y claro, bien está que haya discrepancia. Es sano y democrático, pero “al César lo que es del César…” y en este caso, a un Gobierno de un país aconfesional -que debe ser laico por imperativo constitucional- le compete gobernar para todos los ciudadanos y regular por norma esa convivencia para que todos tengan su puesto en esta casa común que es España.

Si los católicos de verdad, no los bautizados solamente, jamás harán uso de las normas que les permitirían hacer aquello que para ellos les está vedado, ¿por qué lanzan esos gritos injustificados contra una norma o normas que ellos jamás utilizarán -según dicen-?

¿Por qué los ciudadanos y ciudadanas que no comparten sus ideas tienen que aceptar como buenas unas palabras y una forma de vida que les es ajena y que se basa en unas ideas y filosofía alejada de la realidad y que son dictadas por unos seres que únicamente buscan su lucro personal y defienden su status sin acordarse de la idea principal y básica del cristianismo: La caridad?

Si estuviéramos en un país “imaginario”, se merecerían que este viernes, por ejemplo, el Consejo de Ministros, promulgara una Real Decreto Legislativo en el que se podrían abordar los siguientes aspectos:

  • La negación de la virginidad de María, la madre de Jesucristo.
  • Relación pormenorizada de los hermanos y hermanas de Jesucristo.
  • Aspectos que ponen en tela de juicio la existencia del Espíritu Santo.
  • Jesucristo jamás dijo que existiera una Iglesia como está constituida hoy en día.
  • La negación de la infalibilidad del Papa.

Como podéis imaginar, si esto se produjera, la Santa Sede enseguida sacaría la artillería a la calle y los excomulgaría por haber lanzado esta serie de anatemas -según ellos, claro- y por meterse en un corral que les es ajeno y me refiero claro está a la teología.

Pues hablando de corrales ajenos…

¿A qué viene que esos personajes disfrazados con esas vestiduras cómicas se metan en el “corral ajeno” de la política en lugar de hacer el bien que ellos predican y que no cumplen?

De ahí mi grito de

!BASTA YA!

Por eso mismo y para todos esos personajes disfrazados con esos ropajes ridículos y cómicos,

Aprieto con 100 vueltas el tornillo.

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4 pensamientos en “¡Basta ya!

  1. Suscribo en la totalidad el tono y el contenido de tu artículo. Las iglesias están vacías, igual que los seminarios… pero la iglesia como grupo de poder se arroga unos derechos que en otros países como Francia no se atrevería ni siquiera a mentar. Es necesario revisar el concordato y eliminar los privilegios de la iglesia católica que mantenemos entre todos, para luego, sin ser mínimamente prudente, morder a la mano que la está manteniendo e insultar el mínimo sentido común. La moral católica está tan anquilosada que es incapaz de adaptarse a una sociedad moderna. Es pecado el preservativo, son pecado los métodos anticonceptivos, es pecado el aborto, las mujeres son ignoradas en sus cargos internos (no deben ser dignas, aunque luego se llenen la boca con Teresa de Calcuta: la mujer en su lugar secundario,claro…). Los obispos parecen buitres negros en esas manifestaciones de apoyo a la derecha. Un cordial saludo.

  2. Saludos José Luis:

    Tienes razón en lo que dices y creo que ya es hora de parar los pies a este grupo de presión que no conoce la prudencia porque está gobernada por mala gente, aunque se disfrace cada día con ropajes cómicos y con aires de solemne autoridad.

    Autoridad que les ha caído del cielo, según dicen ellos, claro.

    Un cordial saludo y…

    ¡Feliz 2008!

  3. Hola Neurotransmisores:

    Exactamente, pero no creo que sea éste el único aspecto de la cuestión. Pero en fin…

    ¡Basta ya!

    😦

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