La inmigración

Concertina

Esto es una concertina

Ayer tuve una experiencia un tanto peculiar. En Facebook una amiga puso un post en el que hablaba sobre la inmigración y sus sentimientos. Respondieron conocidos de ella y me sumé a esos comentarios que luego eliminé, porque había personas que destilaban algo que no comprendo ni asimilo ni comparto.

De todas formas, disculpadme. Comenzaré por el principio.

Tengo un amigo bastante joven (Como esa amiga de Facebook y los que se unieron a ese post en unos términos peculiares cuando se referían a los inmigrantes) de unos 32 años, aproximadamente, que tiene un don natural y extraordinario para el arte; que ha tenido una vida familiar desestructurada y que ha tenido que salir adelante con su propio esfuerzo y trabajando en todo lo que le ha salido para poder mantenerse, tanto a él como a su hija y esposa.

Está en paro desde hace más de dos años y muestra una fortaleza que para sí quisieran muchas personas, pero… un día me sorprendió con unas palabras hablando sobre la vida y el paro que me dejaron tan asombrado que quiero repetirlas para que lo comprendáis.

Dijo lo siguiente: “Ojalá viviera o hubiera otro Franco ya que tendría trabajo. Cuando veo que los que están haciendo las obras municipales en mi pueblo son extranjeros y yo sigo en el paro…” etc.

Inmediatamente le respondí: ¿Tú eres consciente de lo que estás diciendo? ¿Tú has vivido durante el llamado Franquismo? ¿Verdad que no? 

Con la franqueza con la que se hablan dos amigos le dije textualmente: “No tienes ni p… idea de lo que estás diciendo” Y seguidamente le relaté todas las bondades de lo que él de buena fe creía que era el Franquismo.

No me prodigaré con las explicaciones pero lo podéis imaginar porque nací en el año 1946 y conozco de primera mano esa época.

En mi cerebro comenzó a bullir una idea: Quien me había dicho esto era una buena persona que había estado influenciada por comentarios de café; su propia experiencia de parado y de gente muy ignorante que desconocía la realidad histórica y social de nuestro país. Si a eso le sumamos que mi amigo está saliendo del analfabetismo en el que vivía porque ahora está haciendo la ESO para poder hacer un módulo de F.P. y tener un soporte cultural que le permita ganarse la vida mejor de lo que antes podía, ya que no sabía nada de nada, ni siquiera dividir; me dije a mi mismo… hay mucha gente en sus mismas circunstancias que dicen y piensan lo mismo sin que tengan la más mínima idea de lo dicen porque no piensan con claridad, no tienen una base cultural adecuada y creen que otros tiempos fueron mejores.

Ahora entraré en el tema de la inmigración.

Nadie recuerda o quiere recordar que en España durante los años 50/60 la emigración fue brutal. Tanto para los que se iban fuera de España para buscarse la vida -sobrevivir- como para los que dejaban su pueblo para trasladarse a las grandes ciudades y sobrevivir, igualmente.

Nadie quiere recordar esa etapa pero realmente existió. Los españoles estaban bien considerados como obreros/esclavos en los países como Alemania, Holanda y Suiza, por poner un ejemplo. Sí, he dicho bien, obreros/esclavos y que nadie se escandalice porque era la realidad.

A pesar de esa esclavitud consentida, claro, nuestros compatriotas estaban contentos porque habían conseguido salir del marasmo que suponía esa España empobrecida y que no podía alimentar ni cuidar de los suyos después de esa repugnante guerra civil.

Muchos progresaron y se quedaron en el país que les acogió como obreros y otros, regresaron con la ilusión de que con sus ahorros, pudieran montar un negocio que les permitiera sobrevivir en su España querida. Unos lo consiguieron y otros, no.

¿A que viene a cuento esto que acabo de relatar?

Creo que no hace falta mucha explicación, pero por si acaso, lo diré:

Viene a cuento de lo que hoy está en la boca de toda la sociedad. La inmigración. Palabra que está maldita porque muchos creen, equivocadamente, que esa gente son nuestros enemigos.

Inmigración que no se limita a la costa africana, sino a los inmigrantes de Europa y de América Latina y de otras partes del mundo.

Esos inmigrantes que día tras día pretenden y algunos consiguen cruzar nuestras fronteras terrestres y marítimas, son en primer lugar, aunque a algunos no les guste la palabra: seres humanos. Personas.

Personas que han realizado una travesía de muchísimos kilómetros andando en el caso de África, cruzando muchos países y creyendo que Europa es el paraíso y la puerta para entrar en él, son las fronteras de Ceuta, Melilla o a través del mar Mediterráneo. Mar que ha engullido, con absoluta seguridad a centenares o miles de ellos y que han servido para alimentar a los peces que viven en él.

Nuestros gobernantes, han ido dando bandazos en este tema sangrante y malévolo y la UE no sabe bien como digerir esta avalancha de personas que quieren sobrevivir a la miserable vida que tienen en sus propios países de origen.

Si echamos un vistazo a Lampedusa (Italia) veremos que allí tienen claro que la avalancha que esa pequeña isla no puede asimilar es una avalancha de personas y que por lo tanto, deben ser respetadas como tales y la buena gente de esa isla lo hace a diario y sin aspavientos ni nada parecido.

Si hablamos de nuestro país, la cosa es bien distinta. Los “frentes” son variados. Por una parte, los aeropuertos en donde la policía de frontera impide la llegada de quién a su criterio no cumple con los requisitos para vivir en España, aunque sea para visitar a un familiar. Me refiero en concreto a los Latinoamericanos. Esos Latinoamericanos que en su día nos recibieron con los brazos abiertos sin ponernos los impedimentos que ahora les ponemos nosotros. Vergonzoso, ¿a que sí?

Pasa exactamente lo mismo en los puertos con la llegada de Cruceros desde la otra orilla del Atlántico.

Si echamos un vistazo al Mediterráneo, las pateras son el medio de transporte que las mafias utilizan para transportar o eliminar a quién no soporta el viaje cobrando cantidades asombrosas por ese trayecto que en muchas ocasiones, más de las que podamos creer, acaban en tragedia sin que nos enteremos.

Por último, hablaré de Ceuta y Melilla.

Confieso que me avergoncé de ser español cuando vi el sistema de vallas que se había edificado en el perímetro fronterizo de esas ciudades para intentar evitar que los llamados “ilegales” lo cruzaran.

Concertinas

Heridas producidas por concertinas

Si además, le sumamos el asunto de las llamadas “concertinas” que encabezan este comentario mío, me quedé realmente asombrado y me cabreé muchísimo por la insensibilidad de nuestros políticos y la forma de tratar a quién sólo pretende tener una vida mejor.

Luego, para rematar el tema, salió a la luz el famoso asunto de los disparos de las bolas de goma (Más de un centenar) a los que intentaban entrar con unas balsas de juguete y que costó la vida de unas 15 personas. Personas que no sabían nadar porque eran del centro de África y jamás habían visto el mar.

Retornando al principio de mi relato, en ese post al que aludía, se vertían algunos comentarios a mi juicio poco afortunados y se miraba al inmigrante (no cito nacionalidades para no levantar suspicacias) como un ser que sólo conseguía vivir mejor que nosotros mismos aprovechando los resquicios que la Ley de este país les proporcionaba.

No niego que en algunos casos sea así, porque en realidad la Ley les protege, pero… ¿Ocurre siempre así? Afortunadamente, no. En realidad mirando con la perspectiva legal, todos somos iguales ante la Ley lo que ocurre que al que menos tiene, se le protege más. (Esa es la teoría)

Se oye decir: Los inmigrantes nos quitan el trabajo. Los inmigrantes son unos mangantes. Los inmigrantes son… lo que se os ocurra.

Pero hay un error de base muy, grande. Mejor dicho, dos.

Primer error: No son inmigrantes.  Ante todo son personas que viven en nuestro país (no importa la condición legal de su permanencia)

Segundo error: No quitan el trabajo a nadie. En todo caso, hacen el trabajo que casi nadie quiere hacer por un sueldo miserable y encima, aunque no lo creáis, pagan impuestos. Sí, pagan impuestos (indirectos) cuando compran cualquier cosa.

Añado un tercer punto: Los inmigrantes son todos unos delincuentes. ¡Falso! Chorizos, mangantes y gentes de mal vivir los ha habido, los hay y los habrá, sean foráneos o nacionales, porque las cárceles están llenas de ellos y ellas y no hay que atribuirles todos los males del país. No es cierto y hay que decirlo alto y claro.

¿Que se debe tratar este asunto de la inmigración de forma respetable y honorable? Por supuesto que sí.

¿Que los políticos se deben meter de lleno en este tema con los países que permiten esa masiva emigración porque no ofrecen nada a los suyos? También.

¿Que es un tema candente y delicado que debe tratarse de inmediato involucrando a todos los protagonistas de ese éxodo masivo? También.

Por último… Seamos honorables, miremos hacia atrás y hacia adelante y veremos como hemos sido emigrantes antes y ahora mismo porque el gobierno de antaño no hacía sus deberes y porque el gobierno actual nos ha sumido en un pozo sin fondo, creando una generación de jóvenes preparadísimos que tienen que emigrar para malvivir.

Por favor, respetemos al emigrante porque ante todo, es una persona y como tal, hay que tratarla.

No añado nada más. Lo dejo a vuestra conciencia.

Anuncios